Por.- David
R. Chacón Rodríguez
Después
de la invasión napoleónica y la abdicación de Fernando VII en el pueblo español
se plantearon varios dilemas tendentes a llenar, primero, el vacío de autoridad
y, luego, a ocupar el puesto del poder monárquico que se encontraba acéfalo. En
tal sentido se formularon preguntas como estas: ¿si era válido seguir
reconociendo como rey a quién acaba de abdicar? y ¿A quién le correspondía
gobernar estando el rey cautivo?.
En un
intento de resolver el problema, en la península se crean las Juntas
Gubernativas que surgen para defender los derechos reales de Fernando VII y
enfrentar la ocupación francesa.
En Venezuela,
esta noticia se supo en la tarde del día 14 de julio de 1808, cuando llega a La Guaira el Comandante Paúl
Le Manon a bordo de la corbeta de guerra francesa La
Serpent. A la una de la tarde del día 15, el comandante
se presentó al Capitán General Don Juan de Casas para imponerle de los últimos
acontecimientos acaecidos en España y entregarle unos documentos remitidos
desde Madrid, por Don Silvestre Collar, Secretario del Consejo y Cámara de
Indias, donde le comunicaba la abdicación de los Monarcas a la Corona de España y al
gobierno de sus colonias en América a favor de Su Majestad Imperial y Real, el
Emperador de los franceses igualmente daba a conocer el ascenso de José I al
trono de España y de las Indias, llamado desde ese momento El Intruso, ordenándole reconocerlo como tal, publicando la
referida renuncia.
Ante el temor de
que los criollos declararan su emancipación so pretexto de mantener su
fidelidad al monarca Fernando VII de
Borbón, el gobernador se rehusó a cumplir las órdenes venidas desde la
península.
Al saberse en
Caracas la noticia del cambio de amo tan violento e inesperado se formó un
manifestación que recorrió las calles reconociendo como legítimo Monarca a
Fernando VII y vitoreando consignas en su favor y en contra de Napoleón y los
franceses, tales como: Los franceses son
unos pérfidos bribones. ¡Aquí no los queremos!, ni seremos vasallos de otro rey
que de Fernando VII, por el cual derramaremos cuanta sangre tenemos.
Una vez cumplida su misión, Le Manon,
regresó a La Guaira;
allí se encontró con la presencia de una fragata de guerra inglesa Acasta, al mando del capitán Beaver que traía desde Barbados las noticias
del levantamiento de los españoles contra los franceses y de la formación de
las diversas juntas en la metrópoli.
La presencia del capitán
Beaver obligó al Cabildo Municipal de Caracas a reconocer a Fernando VII
como legítimo rey y la formación de unas Juntas similares a las de España.
Mientras el
gobernador sigilosamente se negaba, en Caracas, por la ignorancia de lo que
sucedía, la gente se desesperaba cada día más y trataba de resolver el problema
del establecimiento de un nuevo gobierno por su propia cuenta y riesgo, entre
tanto los jóvenes mantuanos formaron dos grandes focos revolucionarios
dirigidos a destruir los vínculos que durante siglos ataron a estas provincias
a la península ibérica, uno de ellos era el de los: Blanco, Bolívar, Montilla,
Ribas, Toro y Tovar se congregaban en la cuadra de los Bolívar, situada a
orillas del Guaire, y el otro que funcionaba en la casa de Francisco Javier
Ribas, ubicada en el centro de la ciudad.
Preocupado el
gobernador Casas de mantener la debida obediencia al Monarca, al saber de estas
iniciativas, decide confinarlos a sus haciendas en el interior. Acto seguido,
el día 27 de julio de 1808, solicita al Ayuntamiento su opinión para formar en
Caracas una Junta Suprema como la de Sevilla, que en nombre de Fernando VII
habría de gobernar los reinos de España.
Dos días
después, en reunión del 29, el cuerpo municipal se pronuncia de manera afirmativa
aprobando el proyecto de reglamento para la formación de la Junta Suprema de
Estado y de Gobierno, similar a la de Sevilla, formada por Isidoro Antonio
López Méndez y Don Manuel Echezuría, igualmente en ella se señalaba las 18 personas que podían formarla. En la introducción del referido
proyecto se estipulaba que su misión era ratificar la lealtad y obediencia a
Fernando VII, que desde ese momento se le diría el deseado. Aunque esta
proposición no se formalizó, poco tiempo después, el día 25, se constituye en
España la Junta
Gubernativa del Reino, presidida por el Conde de
Floridablanca provocando en la población la duda referida a cual Junta debía
seguirse. En un intento desesperado de resolver el caos imperante, las dos
Juntas existentes declinan el poder en un Regencia compuesta de 5 personas:
Pedro de Quevedo y Quintero, Obispo de Orense; Francisco de Saavedra y Sangronis,
Consejero de Estado y Ministro; El Capitán General Francisco Javier
Castaños; el Consejero y Ministro de
Marina, Antonio Escaño y el Ministro del Consejo de España e Indias, Esteban
Fernández de León.
Sin embargo, a
pesar de estas iniciativas, la confusión, el descontento y la incertidumbre de
los mantuanos persistió y a
principios de noviembre de 1808, Antonio Fernández de León se traslada a Caracas y propone al
marqués del Toro (Francisco Rodríguez del Toro) y a José Félix Ribas que se
reanudasen las gestiones para formar una Junta.
Con tal motivo se celebraron varias
reuniones nocturnas en la casa de José Félix Ribas, a una de las cuales acudió
el Conde de Tovar. Todo esto se supo, y en algunos lugares aparecieron
pasquines que ridiculizaban a los mantuanos y atacaban a las autoridades.
Finalmente estas reuniones
para la formación de una Junta Suprema Gubernativa en Caracas produjeron una representación de las primeras
notabilidades de Caracas, quienes con fecha 22 de noviembre de 1808, la
dirigieron al Gobernador y Capitán General don Juan de Casas, firmada por de 44
personas, figurando entre
ellas: El
Conde de San Javier, El Conde de Tovar, El Marqués del Toro, Jacinto de Acura,
Joaquín de Argos, José Vicente Blanco y Blanco, Narciso Blanco, Antonio Nicolás
Briceño, Don José Ignacio Briceño,
Francisco de la Cámara
y Molinedo, Juan Eduardo, Pedro Eduardo, Antonio Fernández de León, Sebastián
Fernández de León, Domingo Galindo, Vicente Diego Hidalgo, Antonio de Ibarra,
Santiago Ibarra, Vicente Ibarra, Juan Jerez, José Ignacio de Lecumberri,
Agustín Monasterios, José Monasterios, Manuel Monserrate, Mariano Montilla,
Tomás Montilla, Juan Felipe Muñoz, José María Muñoz, Francisco de Paula Navas,
José María Orive, Miguel de Ortariz, Francisco Palacios, José Ignacio Palacios,
Pedro Palacios, Licenciado Francisco Antonio Paúl, Lorenzo de Ponte, Isidro
Quintero, José Félix Ribas, Juan Nepomuceno de Ribas, Don Vicente Tejeras, José
Ignacio Toro, José Tovar Ponte, Juan de Tovar y Martín Tovar Ponte.
Ante
el temor de que ese proyecto estuviese encaminado a apoderarse del gobierno,
luego que estuviera constituida, quitando y separando después a las autoridades
establecidas, y poniendo en su lugar otras para lograr de este modo la
independencia, la respuesta negativa del Gobernador Juan de Casas, no se hizo esperar, y
como represalia, el 18 de noviembre de 1808, ordenó al Señor Regente Visitador
de la Real Audiencia, Don Joaquín de Mosquera y Figueroa dictar un Auto de
proceder, para el enjuiciamiento de los firmantes, pues la consideró como un
atentado contra el orden, la estabilidad de su gobierno, y alteración de la paz
pública. En este juicio actuó don José María Moya como Escribano Real y de
Visita.
Poco después, el 24 de noviembre de 1808, los capitanes Carlos
Sánchez, Juan Antonio Ponte, y Francisco Javier de León, batallón de pardos de
Caracas, junto con Pedro Arévalo y Francisco José Colón del batallón de
granaderos del Valle de Aragua y Valencia manifestaron su lealtad al Gobierno,
protestando contra el proyecto de establecer una Junta que, según insinuaron,
podía estar orientada hacia la independencia, la cual rechazaron, ofreciendo
sacrificar sus vidas como una parda fiera,
en defensa de su amado y desgraciado rey Fernando
VII y su sabio Gobierno.
Aquella misma noche empezaron los arrestos de los firmantes de la
representación, algunos de los cuales quedaron detenidos en los cuarteles,
otros fueron confinados a sus casas o haciendas ubicados en diversos sitios,
tales como: Aragüita, Baruta, Charallave, Guarenas, Guatire, La Guaira, La sabana y costa
de Ocumare, Puerto Cabello y Tacarigua.
En virtud de estas prisiones muchos de los detenidos en los
cuarteles pidieron retornar a su casa por hallarse enfermo, tal es el caso de
Mariano Montilla que solicitó el
traslado a su hacienda en el pueblo de La Victoria por padecer de
asma, llamada vulgarmente ahogo,
dejándolo expedito para cualquier ejercicio. Otro caso es el Pedro Palacios,
Alguacil Mayor de la
Real Audiencia, que padecía de tenesmo o mal de pujos (gana penosa de hacer cámaras o de orinar
con dificultad y con dolores).
Por la sumaria podemos conocer también la indudable contribución
del Precursor Francisco de Miranda a la formación de las Juntas, en las cartas
que dirigió a las personas más notables de Caracas. A tal efecto es concluyente
el Memorial del Marqués del Toro, que en carta del 5 de abril afirma haber
recibido la misiva que él le escribió por su intermedio, desde Londres, al
Cabildo de la Ilustre
Ciudad de Caracas, el 20 de julio de 1808, solicitando la
reunión de un cuerpo municipal representativo, que tomará a su cargo el
gobierno de la provincia. En ella también le pedía (si lo consideraba
conveniente) enviar copias de esta representación a las Provincias de Santa Fe
y Quito. Semejante petición hizo a los Cabildos de Buenos Aires (el 24 de
julio), al Capitán General y Cabildo de La Habana y
al Virrey y Cabildo de la ciudad de Méjico (10 de septiembre), para
interesar a sus diversos gobiernos sobre la independencia del continente
americano, convirtiéndose así en el incansable campeón de la actividad
propagandística para la liberación de la América hispana, reflejando así su total entrega
a esa causa.
Igualmente, el 6 de octubre de 1808, desde Londres, vuelve a
escribir al Cabildo de Buenos Aires y al
Marqués del Toro expresando algunas reflexiones sobre la situación española,
del mismo modo le pide que reclame con dignidad y juicio sus derechos e
independencia para lo cual le anexa 9 documentos relativos a las campañas,
negociaciones y esfuerzos que ha practicado en Londres, Francia y los Estados
Unidos de América, a fin de obtener la libertad e independencia de los países
americanos, pues son fatigas y resultados de muchos años de estudio,
acompañados de una práctica adquirida en las grandes revoluciones que han
trastornado casi todos los gobiernos y antiguas instituciones de la Europa, y luego concluye: yo me estimaré siempre feliz si puedo
contribuir de algún modo al alivio y prosperidad de mi patria, reunido con mis
amados y virtuosos compatriotas.
El cenit de su actividad libertadora es la obra que hizo con Antepara,
la cual lleva por título La emancipación
de la América
del sur: documentos, históricos y explicativos, que muestran los planes que han
estado en progreso, y las realizaciones
hechas por el general miranda, para el logro de tales objetivos durante los
últimos veinticinco años ,
la cual constituye una apología sobre su vida, plasmando allí lo que había
aprendido, visto y oído sobre la emancipación hispanoamericana, comprobando con
documentos verídicos su fama, su valía y sus ideales. Estaba destinado a
sensibilizar e influir en la opinión pública europea y crear el ambiente
propicio que permitiera justificar la necesidad de la independencia,
demostrando de esa manera, su
palpable influencia en el movimiento libertador.
Al marqués del Toro, José Félix Ribas, José Tovar Ponte, Pedro
Palacios Blanco, Mariano Montilla, Juan Nepomuceno Ribas, Nicolás Anzola y Luis López Méndez se les condenó al
pago de las costas y gastos, incluyendo la condenatoria del oidor honorario
Antonio Fernández de León, que se encontraba cumpliendo con lo pautado en la
averiguación sumaria en España, de donde regresaría más tarde con el título de marqués de Casa León.
En escrito fechado el 20 de abril de 1809, los fiscales Francisco
Espejo y Francisco Berrío solicitaron el sobreseimiento o Corte en Providencia,
porque los firmantes del Memorial por medio del cual pedían la formación de una
Junta Suprema, no habían cometido ningún delito que ameritara la formación del
proceso y se diera por suficientemente compurgadas
las gestiones de indiscreción y falta de
prudencia, dictamen que acogieron Casas y Mosquera y Figueroa el 4 de mayo
siguiente.
Todo este proceso
demuestra que este movimiento conocido como la Conjura o Conspiración de los Mantuanos estaba
destinado a formar una Junta capaz de gobernase a sí misma, teniendo como fin
era la formación una patria libre e independiente, aunque aparentemente se
encontraba cubierta en un manto de lealtad a su amado soberano.
La
Emancipación de la América del Sur: Documentos históricos y explicativos que
muestran los planes que han estado en progreso, y las realizaci0ones hechas por
el General Miranda, para el logro de tales objetivos durante los últimos 25
años. Por José María de Antepara. Coordinación y notas: David R. Chacón
Rodríguez. Estudio introductorio: David R. Chacón Rodríguez y Daniel Chacón
Zambrano. Traducciones: María Auxiliadora Chacón Rodríguez de Sifuentes y David R. Chacón Rodríguez. Caracas, Fundación
Hermano Nectario María. 334 p. il., 28 cm. 2005. Francisco de Miranda. Tomo 2º.
(Como una contribución a la celebración de los Doscientos Cincuenta Años del
Nacimiento del Generalísimo Francisco de Miranda. Contiene la selección que
hiciera Miranda de las mejores piezas de su Archivo y hasta 1926, fueron los
únicos documentos que se conocieron de su
importante gesta referente
a la independencia de Venezuela.
El título
original es: South American emancipation:
documents, historical and explanatory, showing the designs which have been in
progress, and the exertions made by General Miranda, for the attainment of that
object during the last twenty-five years,
Editada en Londres, Inglaterra: Impresa por R. Juigné, 1810. x + 300
p. Al comienzo trae 1 lámina, grabada en
cobre, con el busto de Miranda y una vista panorámica de la ciudad de Amberes,
igualmente incluye un Mapa plegable de la batalla de Landen o de Nerwinde.
Contiene interesantes documentos de Miranda escritos en inglés, francés y
español desde el año correspondientes al período que va desde 1776 hasta 1808.