lunes, 28 de septiembre de 2020

¿Cuál es el verdadero origen del nombre de Venezuela?

Por.- David R. Chacón Rodríguez

 

 



Alonso de Hojeda                                        Juan de la Cosa
      

El 24 de agosto de 1499, los conquistadores Alonso de Hojeda y Juan de la Cosa descubrieron el lago[1] de San Bartolomé[2], hoy de Maracaibo.

Generalmente se ha repetido que el nombre de nuestra patria se debe a Américo Vespucci quien dijo en una de sus últimas Relaciones[3]: Hallamos una población, que tenía sus casas sobre el agua como Venecia y que Venezuela era su diminutivo.

Es el Hermano Nectario María quien precisa el verdadero significado, basado en la obra del Bachiller Martín Fernández de Enciso, titulada "Suma de Geografía" que fue primer libro impreso en referirse al Nuevo Mundo. Esta obra fue honrada por un privilegio Real, otorgado en Zaragoza el 5 de setiembre de 1518. La imprimió el alemán Jacobo Cromberger, en Sevilla, el año 1519.

He aquí textualmente lo que dice: "Del cabo de San Román al cabo Coquibacoa hay tres isleos en triángulo, entre estos dos cabos se hace un golfo de mar en fisura cuadrada, y al cabo de Coquibacoa entra desde este golfo otro golfo pequeño en la tierra 4 leguas. Y al cabo del a cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima de ella está un lugar o casas de indios que se llama Veneçiuela. Está en X grados. Entre este golfo de Veneçiuela y el cabo de Coquibacoa haze una vuelta el agua dentro de la tierra a la parte del Oeste. Y en esta vuelta está Coquibacoa”.

Como se puede observar en esta cita el nombre de Veneçiuela es una designación de un pueblo indígena que se hallaba en el agua, cerca de la tierra, pero sobre una peña llana, que podría ser una tierra firme. Estaba casi a la entrada de la barra, la que nos la hace colocar poco más o menos en la extremidad Este de la isla Zapara.

En Cambio Vespucci[4] no da nombre a este pueblo indígena, sólo dice que estaba en el agua y que les recordó a Venecia.

Una vez aclarado su origen y significado podemos afirmar que probablemente el descubrimiento de Venezuela y el del Lago de Maracaibo coincidieron en el mismo día, 24 de agosto de 1499.

 

                 

Alonso de Hojeda dialogando con los indígenas

 


[1] Si nos atenemos a la definición de lago, observamos que  realmente es una bahía.

[2] Llamado así  por celebrarse en ese día, la fiesta de ese Santo.

[3] Primera carta, julio de 1500.

[4] Está históricamente comprobado que Vespucci en su escritos “Cuatro navegaciones” insertó  leyendas inventadas, hablando de viajes que nunca se realizaron, quedando como un fabulador.

Curiosidades en nuestra historia. El “Tenesmo” en la conjuración de 1808


Por.- David R. Chacón Rodríguez

Después de la invasión napoleónica y la abdicación de Fernando VII en el pueblo español se plantearon varios dilemas tendentes a llenar, primero, el vacío de autoridad y, luego, a ocupar el puesto del poder monárquico que se encontraba acéfalo. En tal sentido se formularon preguntas como estas: ¿si era válido seguir reconociendo como rey a quién acaba de abdicar? y ¿A quién le correspondía gobernar estando el rey cautivo?.

 

En un intento de resolver el problema, en la península se crean las Juntas Gubernativas que surgen para defender los derechos reales de Fernando VII y enfrentar la ocupación francesa.

 

En Venezuela, esta noticia se supo en la tarde del día 14 de julio de 1808, cuando llega a La Guaira el Comandante Paúl Le Manon a bordo de la corbeta de guerra francesa La Serpent. A la una de la tarde del día 15, el comandante se presentó al Capitán General Don Juan de Casas para imponerle de los últimos acontecimientos acaecidos en España y entregarle unos documentos remitidos desde Madrid, por Don Silvestre Collar, Secretario del Consejo y Cámara de Indias, donde le comunicaba la abdicación de los Monarcas a la Corona de España y al gobierno de sus colonias en América a favor de Su Majestad Imperial y Real, el Emperador de los franceses igualmente daba a conocer el ascenso de José I al trono de España y de las Indias, llamado desde ese momento El Intruso, ordenándole reconocerlo como tal, publicando la referida renuncia.

 

Ante el temor de que los criollos declararan su emancipación so pretexto de mantener su fidelidad al monarca  Fernando VII de Borbón, el gobernador se rehusó a cumplir las órdenes venidas desde la península.

 

Al saberse en Caracas la noticia del cambio de amo tan violento e inesperado se formó un manifestación que recorrió las calles reconociendo como legítimo Monarca a Fernando VII y vitoreando consignas en su favor y en contra de Napoleón y los franceses, tales como: Los franceses son unos pérfidos bribones. ¡Aquí no los queremos!, ni seremos vasallos de otro rey que de Fernando VII, por el cual derramaremos cuanta sangre tenemos.

 

Una vez cumplida su misión, Le Manon, regresó a La Guaira; allí se encontró con la presencia de una fragata de guerra inglesa Acasta, al mando del capitán  Beaver que traía desde Barbados las noticias del levantamiento de los españoles contra los franceses y de la formación de las diversas juntas en la metrópoli.

 

La presencia del capitán  Beaver obligó al Cabildo Municipal de Caracas a reconocer a Fernando VII como legítimo rey y la formación de unas Juntas similares a las de España.

 

Mientras el gobernador sigilosamente se negaba, en Caracas, por la ignorancia de lo que sucedía, la gente se desesperaba cada día más y trataba de resolver el problema del establecimiento de un nuevo gobierno por su propia cuenta y riesgo, entre tanto los jóvenes mantuanos formaron dos grandes focos revolucionarios dirigidos a destruir los vínculos que durante siglos ataron a estas provincias a la península ibérica, uno de ellos era el de los: Blanco, Bolívar, Montilla, Ribas, Toro y Tovar se congregaban en la cuadra de los Bolívar, situada a orillas del Guaire, y el otro que funcionaba en la casa de Francisco Javier Ribas, ubicada en el centro de la ciudad.

 

Preocupado el gobernador Casas de mantener la debida obediencia al Monarca, al saber de estas iniciativas, decide confinarlos a sus haciendas en el interior. Acto seguido, el día 27 de julio de 1808, solicita al Ayuntamiento su opinión para formar en Caracas una Junta Suprema como la de Sevilla, que en nombre de Fernando VII habría de gobernar los reinos de España.

 

Dos días después, en reunión del 29, el cuerpo municipal se pronuncia de manera afirmativa aprobando el proyecto de reglamento para la formación de la Junta Suprema de Estado y de Gobierno, similar a la de Sevilla, formada por Isidoro Antonio López Méndez y Don Manuel Echezuría, igualmente en ella se  señalaba las 18 personas que podían  formarla. En la introducción del referido proyecto se estipulaba que su misión era ratificar la lealtad y obediencia a Fernando VII, que desde ese momento se le diría el deseado. Aunque esta proposición no se formalizó, poco tiempo después, el día 25, se constituye en España la Junta Gubernativa del Reino, presidida por el Conde de Floridablanca provocando en la población la duda referida a cual Junta debía seguirse. En un intento desesperado de resolver el caos imperante, las dos Juntas existentes declinan el poder en un Regencia compuesta de 5 personas: Pedro de Quevedo y Quintero, Obispo de Orense; Francisco de Saavedra y Sangronis[1], Consejero de Estado y Ministro; El Capitán General Francisco Javier Castaños;  el Consejero y Ministro de Marina, Antonio Escaño y el Ministro del Consejo de España e Indias, Esteban Fernández de León.

 

Sin embargo, a pesar de estas iniciativas, la confusión, el descontento y la incertidumbre de los mantuanos persistió y a principios de noviembre de 1808, Antonio Fernández  de León se traslada a Caracas y propone al marqués del Toro (Francisco Rodríguez del Toro) y a José Félix Ribas que se reanudasen las gestiones para formar una Junta.

 

Con tal motivo se celebraron varias reuniones nocturnas en la casa de José Félix Ribas, a una de las cuales acudió el Conde de Tovar. Todo esto se supo, y en algunos lugares aparecieron pasquines que ridiculizaban a los mantuanos y atacaban a las autoridades.

Finalmente estas reuniones para la formación de una Junta Suprema Gubernativa en Caracas  produjeron una representación de las primeras notabilidades de Caracas, quienes con fecha 22 de noviembre de 1808, la dirigieron al Gobernador y Capitán General don Juan de Casas, firmada por de 44 personas, figurando entre ellas: El Conde de San Javier, El Conde de Tovar, El Marqués del Toro, Jacinto de Acura, Joaquín de Argos, José Vicente Blanco y Blanco, Narciso Blanco, Antonio Nicolás Briceño,  Don José Ignacio Briceño, Francisco de la Cámara y Molinedo, Juan Eduardo, Pedro Eduardo, Antonio Fernández de León, Sebastián Fernández de León, Domingo Galindo, Vicente Diego Hidalgo, Antonio de Ibarra, Santiago Ibarra, Vicente Ibarra, Juan Jerez, José Ignacio de Lecumberri, Agustín Monasterios, José Monasterios, Manuel Monserrate, Mariano Montilla, Tomás Montilla, Juan Felipe Muñoz, José María Muñoz, Francisco de Paula Navas, José María Orive, Miguel de Ortariz, Francisco Palacios, José Ignacio Palacios, Pedro Palacios, Licenciado Francisco Antonio Paúl, Lorenzo de Ponte, Isidro Quintero, José Félix Ribas, Juan Nepomuceno de Ribas, Don Vicente Tejeras, José Ignacio Toro, José Tovar Ponte, Juan de Tovar y Martín Tovar Ponte.

Ante el temor de que ese proyecto estuviese encaminado a apoderarse del gobierno, luego que estuviera constituida, quitando y separando después a las autoridades establecidas, y poniendo en su lugar otras para lograr de este modo la independencia, la respuesta  negativa del Gobernador Juan de Casas, no se hizo esperar, y como represalia, el 18 de noviembre de 1808, ordenó al Señor Regente Visitador de la Real Audiencia, Don Joaquín de Mosquera y Figueroa dictar un Auto de proceder, para el enjuiciamiento de los firmantes, pues la consideró como un atentado contra el orden, la estabilidad de su gobierno, y alteración de la paz pública. En este juicio actuó don José María Moya como Escribano Real y de Visita.

Poco después, el 24 de noviembre de 1808, los capitanes Carlos Sánchez, Juan Antonio Ponte, y Francisco Javier de León, batallón de pardos de Caracas, junto con Pedro Arévalo y Francisco José Colón del batallón de granaderos del Valle de Aragua y Valencia manifestaron su lealtad al Gobierno, protestando contra el proyecto de establecer una Junta que, según insinuaron, podía estar orientada hacia la independencia, la cual rechazaron, ofreciendo sacrificar sus vidas como una parda fiera, en defensa de su amado y desgraciado rey Fernando VII y su sabio Gobierno.

 

Aquella misma noche empezaron los arrestos de los firmantes de la representación, algunos de los cuales quedaron detenidos en los cuarteles, otros fueron confinados a sus casas o haciendas ubicados en diversos sitios, tales como: Aragüita, Baruta, Charallave, Guarenas, Guatire, La Guaira, La sabana y costa de Ocumare, Puerto Cabello y Tacarigua.

 

En virtud de estas prisiones muchos de los detenidos en los cuarteles pidieron retornar a su casa por hallarse enfermo, tal es el caso de Mariano Montilla que solicitó el  traslado a su hacienda en el pueblo de La Victoria por padecer de asma, llamada vulgarmente ahogo, dejándolo expedito para cualquier ejercicio. Otro caso es el Pedro Palacios, Alguacil Mayor de la Real Audiencia, que padecía de tenesmo o mal de pujos (gana penosa de hacer cámaras o de orinar con dificultad y con dolores[2]).

 

Por la sumaria podemos conocer también la indudable contribución del Precursor Francisco de Miranda a la formación de las Juntas, en las cartas que dirigió a las personas más notables de Caracas. A tal efecto es concluyente el Memorial del Marqués del Toro, que en carta del 5 de abril afirma haber recibido la misiva que él le escribió por su intermedio, desde Londres, al Cabildo de la Ilustre Ciudad de Caracas, el 20 de julio de 1808, solicitando la reunión de un cuerpo municipal representativo, que tomará a su cargo el gobierno de la provincia. En ella también le pedía (si lo consideraba conveniente) enviar copias de esta representación a las Provincias de Santa Fe y Quito. Semejante petición hizo a los Cabildos de Buenos Aires (el 24 de julio), al Capitán General y Cabildo de La Habana y  al Virrey y Cabildo de la ciudad de Méjico (10 de septiembre), para interesar a sus diversos gobiernos sobre la independencia del continente americano, convirtiéndose así en el incansable campeón de la actividad propagandística para la liberación de la América hispana, reflejando así su total entrega a esa causa.

 

Igualmente, el 6 de octubre de 1808, desde Londres, vuelve a escribir  al Cabildo de Buenos Aires y al Marqués del Toro expresando algunas reflexiones sobre la situación española, del mismo modo le pide que reclame con dignidad y juicio sus derechos e independencia para lo cual le anexa 9 documentos relativos a las campañas, negociaciones y esfuerzos que ha practicado en Londres, Francia y los Estados Unidos de América, a fin de obtener la libertad e independencia de los países americanos, pues son fatigas y resultados de muchos años de estudio, acompañados de una práctica adquirida en las grandes revoluciones que han trastornado casi todos los gobiernos y antiguas instituciones de la Europa, y luego concluye: yo me estimaré siempre feliz si puedo contribuir de algún modo al alivio y prosperidad de mi patria, reunido con mis amados y virtuosos compatriotas.

 

El cenit de su actividad libertadora es la obra que hizo con Antepara, la cual lleva por título La emancipación de la América del sur: documentos, históricos y explicativos, que muestran los planes que han estado  en progreso, y las realizaciones hechas por el general miranda, para el logro de tales objetivos durante los últimos veinticinco  años [3], la cual constituye una apología sobre su vida, plasmando allí lo que había aprendido, visto y oído sobre la emancipación hispanoamericana, comprobando con documentos verídicos su fama, su valía y sus ideales. Estaba destinado a sensibilizar e influir en la opinión pública europea y crear el ambiente propicio que permitiera justificar la necesidad de la independencia, demostrando de esa manera, su palpable influencia en el movimiento libertador.

 

Al marqués del Toro, José Félix Ribas, José Tovar Ponte, Pedro Palacios Blanco, Mariano Montilla, Juan Nepomuceno Ribas, Nicolás  Anzola y Luis López Méndez se les condenó al pago de las costas y gastos, incluyendo la condenatoria del oidor honorario Antonio Fernández de León, que se encontraba cumpliendo con lo pautado en la averiguación sumaria en España, de donde regresaría más  tarde con el título de marqués de Casa León.

 

En escrito fechado el 20 de abril de 1809, los fiscales Francisco Espejo y Francisco Berrío solicitaron el sobreseimiento o Corte en Providencia, porque los firmantes del Memorial por medio del cual pedían la formación de una Junta Suprema, no habían cometido ningún delito que ameritara la formación del proceso y se diera por suficientemente compurgadas las gestiones de indiscreción y falta de prudencia, dictamen que acogieron Casas y Mosquera y Figueroa el 4 de mayo siguiente.

 

       Todo este proceso demuestra que este movimiento conocido como la Conjura o Conspiración de los Mantuanos estaba destinado a formar una Junta capaz de gobernase a sí misma, teniendo como fin era la formación una patria libre e independiente, aunque aparentemente se encontraba cubierta en un manto de lealtad a su amado soberano.

 




[1] Natural de Sevilla donde nació en 1746.

[2] Véase: Petición de Pedro Palacios. Caracas, 6 de diciembre de 1808.

En: Conjuración de 1808 en Caracas para formar un Junta Suprema Gubernativa. Documentos Completos. Estudio Preliminar por el Dr. Ángel Francisco Brice. Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Comisión de Historia. Comité de Orígenes de la Emancipación. Caracas. Tomo  II. 1968. p. 640. Publicación Nº 14. Homenaje a la Academia Nacional de la Historia en el 80º aniversario de su fundación.

[3] La Emancipación de la América del Sur: Documentos históricos y explicativos que muestran los planes que han estado en progreso, y las realizaci0ones hechas por el General Miranda, para el logro de tales objetivos durante los últimos 25 años. Por José María de Antepara. Coordinación y notas: David R. Chacón Rodríguez. Estudio introductorio: David R. Chacón Rodríguez y Daniel Chacón Zambrano. Traducciones: María Auxiliadora Chacón Rodríguez de Sifuentes y  David R. Chacón Rodríguez. Caracas, Fundación Hermano Nectario María. 334 p. il., 28 cm. 2005. Francisco de Miranda. Tomo 2º. (Como una contribución a la celebración de los Doscientos Cincuenta Años del Nacimiento del Generalísimo Francisco de Miranda. Contiene la selección que hiciera Miranda de las mejores piezas de su Archivo y hasta 1926, fueron los únicos documentos que se conocieron de su  importante gesta referente a la independencia de Venezuela.

El título original es: South American emancipation: documents, historical and explanatory, showing the designs which have been in progress, and the exertions made by General Miranda, for the attainment of that object during the last twenty-five years,  Editada en Londres, Inglaterra: Impresa por R. Juigné, 1810. x + 300 p. Al comienzo trae 1 lámina,  grabada en cobre, con el busto de Miranda y una vista panorámica de la ciudad de Amberes, igualmente incluye un Mapa plegable de la batalla de Landen o de Nerwinde. Contiene interesantes documentos de Miranda escritos en inglés, francés y español desde el año correspondientes al período que va desde 1776 hasta 1808.


domingo, 27 de septiembre de 2020

En el Juramento del Monte Sacro nace el Simón Bolívar Libertador Influencia de Roma en su vida y en su obra.

                                                 

                                           Por.- David R. Chacón Rodríguez

 

 

Habiendo comprendido de los inconvenientes de su educación defectuosa, al cumplir los 16 años, el joven Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar[1] va a España a solidificar su cultura. En su Caracas natal había adquirido los rudimentos básicos para continuar sus estudios superiores. La educación de Bolívar en esta primera etapa de su vida, estuvo a cargo de varios maestros: Fernando Vides, Carrasco, el Presbítero José Antonio Negrete, Guillermo Pelgrón[2] (Lengua latina y Gramática), Simón Narciso Rodríguez (Maestro Principal de Primeras Letras de Caracas), Andrés Bello (Literatura y Geografía), Fray Francisco de Andújar (Matemáticas) y su pariente el Padre Sojo. Su madre no escatimó en gastos para darle a su hijo una buena educación. De todos los maestros citados, Simón Rodríguez, quien se ausentó del país a finales de 1797, fue el que más influyó en su formación, y así lo reconoció Bolívar en varias oportunidades. A pesar de todo, en ese momento, su formación era muy deficiente, desordenada y dispersa, debido a sus orfandad, y a que Carlos, su tutor, no supo canalizar su inquieto espíritu, prueba de ello es la carta que envía a su tío Don Pedro Palacios y Sojo, desde el Puerto de Veracruz en México, 20 de marzo de 1799, donde la nave tuvo que  detenerse, en ella dice textualmente[3]:

 

      Estimado tío mío: Mi llegada a este puerto ha sido felismente, gracias a Dios:  pero nos hemos detenido aquí con el motibo de haber estado bloqueada La Abana, y ser preciso el pasar por allí; de sinco nabíos y once fragatas ingleces[4].  Después de haber gastado catorce días en la nabegasión entramos en dicho puerto el día dos de febrero con toda felicidad.  Hoi me han susedido tre(s) cosas que me an complasido mucho: la primera es el aber sabido que salía un barco para Maracaibo y que por este condudto podía escribir a usted mi situasión, y participarle mi biaje que ice a México en la inteligencia que usted con el Obispo lo habían tratado, pues me allé  haquí una carta para su sobrino el Oidor de allí recomendándome a él, siempre que hubiese alguna detención, la cual lo acredita esa que le entregará usted al Obispo que le manda su sobrino el Oidor, que fue en donde bibí los ocho días que estube en dicha ciudad.  Don Pedro Miguel de Hecheberría costeó el biaje, que fueron cuatrocientos pesos poco más o meno(s), de lo cual determinará usted, si se los paga aquí o allá a Don Juan Esteban de Hechesuría que es compañero  de este  Señor a quien  bine recomendado por Hechesuría, y siendo el condudto el Obispo.  Hoi a las once  de la mañana  llegué de México y nos bamos a la tarde para España y pienso que tocaremos  en la  Abana porque ya se quitó el bloqueo que estaba en ese puerto, y por esta razón a sido el tiempo mui corto para haserme más largo.  Vsted no estrañe la mala letra pues ya lo hago medianamente pues estoi fatigado del mobimiento del coche en que hacabo de llegar, y por ser mui a la ligera ([5]) la he puesto mui mala y me ocuren todas las espesies de un golpe.  Expresiones a mis ermanos y en particular a Juan Visente que ya lo estoi esperando, a mi amigo Don Manuel de Matos y en fin a todos a quien yo estimo.

 

              Su más atento serbidor y su  yjo.

 

      Simón Bolívar.

 

   Yo me desenbarque en la casa de don José Donato de Austria el marío de la[6] Basterra quien me mandó recado en cuanto llegué aquí me fuese a su casa y con mucha instancia y me daba por razón que no había fonda en este puerto[7].

 

Como puede verse, esta carta es totalmente autógrafa y aunque escribe con letra clara y legible, su ortografía difiere bastante de las personas cultas de la época, no debemos olvidar que para ese entonces la Real Academia de la Lengua no había fijado normas sobre esta materia. Sin embargo, en ella se aprecia que Bolívar empezó a corregir la carta superponiendo una c a la s en la palabra onse; lo mismo hizo con catorse, y donde escribió dentramos, tachó la d inicial, dejando entonces entramos.

  El destinatario, su tío materno Pedro Palacios Blanco (1769-1811), se encontraba en Caracas haciendo los preparativos para embarcarse a España con el fin de reunirse allí con su hermano Esteban y su sobrino Simón.

 

Es conveniente aclarar que siguiendo una costumbre muy arraigada en la época, él solía firmar con los dos apellidos de rama materna, Palacios y Sojo, aunque realmente era Palacios y Blanco.                             

 

De allí pasa a la corte de Madrid para encontrarse con su tío Esteban Palacios y el Marqués de Ustariz, el sabio y bondadoso patricio que dirigió sus estudios de manera ordenada y metódica, ilustrándole en la diaria conversación en los vastos temas relacionados con las ciencias morales y políticas, obligados en su época.

 

Las disposiciones que tenía para instruirse las narra su tío Pedro en carta que dirige a Carlos Palacios, el 22 de agosto de 1799, diciendo: sigue con gusto y exactitud el estudio de la lengua castellana, el escribir en que está muy ventajoso, el baile, la historia en buenos libros y se le tiene preparando en el idioma francés y las matemáticas[8].

 

Otra referencia  nos las da el oficial de la marina norteamericana Hiram Paulding al recordar su ya  lejana niñez. Allí  demuestra el entusiasmo de Bolívar por las historias de Grecia y Roma y el ejemplo de la revolución de los Estados Unidos que inflamaron su inquisidora mente juvenil depositando en ella las simientes de las ideas que emanciparon a su patria[9].

 

En medio del ardor de su juventud, en casa del marqués de Ustáriz, Bolívar conoce a una bella y atractiva joven llamada María Teresa, Josefa, Antonia Joaquina Rodríguez del Toro y Alayza[10], quien le roba el corazón y según sus propias palabras era una joya sin tacha, de inestimable valor.

 

Poco tiempo después, el 30 de septiembre de 1800, desde Madrid,  le pide a su tío Pedro Palacios y Sojo que formalice su petición:

 

No ignora Usted  que poseo un mayorazgo bastante cuantioso, con la precisa condición de que he de estar establecido en Carácas, y que á falta mía pase á mis hijos, y de no, á la Casa de  Aristeiguieta[11]: por lo que, atendiendo yo al aumento de mis bienes  para mi familia, y por haberme apasionado de una Señorita de las más bellas circunstancias y recomendables prendas, como es mi  Señora Doña Teresa Toro, hija de un paisano y aun pariente; he determinado contraer  alianza con dicha Señorita para evitar la falta que puedo causar si fallezco sin sucesión; pues haciendo tan justa liga, querrá Dios darme algún hijo que sirva de apoyo a mis hermanos y de auxilio á mis tíos. Esto se lo comuniqué al Señor Marques de Ustáriz[12], como al único tutor que tengo aquí, para que se lo avisase á Usted y al Señor don Manuel Mallo:  á Usted por ser el pariente más cercano a mí, y al Señor Don Manuel Mayo (sic)[13] porque es nuestro amigo y favorecedor.  A este último le escribió el Marques de Ustáriz dos veces, y una de  ellas le entregaron la carta en sus propias manos; pero no se ha tenido contestación alguna,  habiendo pasado ya 30 ó 31 días.  Esto mismo le comunicó el Marques de Ustáriz al Señor Don Bernardo Toro, por ser debido al parentesco y á la amistad, pero fué en confianza.      

               

Informado yo de que Usted no sabía esta novedad, quiero participársela; en primer lugar, porque nadie tiene el interés y dominio en mis cosas como Usted, y en segundo,  para que Usted tenga la bondad de protejer esta unión dando las órdenes necesarias para pedir la Señorita á su padre, con toda la formalidad que exije el caso.                           

 Espero su contestación con la mayor ansia; pues me interesa esto mucho, habiendo pasado tanto tiempo sin decidirse nada[14], desde el aviso al Señor Don Manuel hasta la fecha.                                                  

De su más afecto sobrino que lo ama de todo corazón[15].

 

Simón Bolívar  [16].

                                                                                                            

Temiendo que existan ciertas dificultades, el 23 de agosto de 1801 desde Bilbao se dirige a su  tío Don Pedro Palacios expresándole:

 

      He  recibido con el mayor gusto que es de imaginarse, la de  Usted del 11 de éste, porque en ella me participa Usted el partido que se ha tomado, en el asunto de mi Tío Esteban[17].  Al mismo tiempo, que estaba penzando escribirle a Usted, lo mismo que Usted ha hecho, he recibido esta carta, que consuela mi corazón; pues estoy persuadido, que si no es el único partido que tenemos, por lo menos, es el más eficas.  Conosco el buen corazón de la persona que Usted ocupa, y también, del que puede ser que nos conseda el gran bien, de dejarnos ver a nuestro buen amigo. Crea Usted que me es de suma complacencia, el saber, que Usted ha tomado el mejor remedio que nos puede curar del mal que padesemos. Conosco que nadie está  más interesado en la causa del micerable, como Usted pero yo no puedo menos que dar a  Usted las más rendidas gracias por este paso que Usted da en alivio de mi buen padrino.  Seguramente, que no es posible manifestar mi contento. Un presentimiento del buen éxcito que tendremos, me hace entregarme a las más lisonjeras esperanzas. 

 

Mis oraciones son pocas, y poco eficaces por el sugeto que las hace: pero no por eso dexaré de aplicarlas todas, al buen resultado del seloso interés que Usted tiene en este negocio.                                 

 

Siento mucho el atraso de sus bienes de Usted y tanto más quanto que está Usted en un estado, en que le es de necesidad el tener bienes de fortuna, para llenar el empleo que el Rey generosamente ha dado a Usted. 

 

 También me es doloroso el que se le haya muerto su mayordomo, pues el conseguirlo bueno, es demasiado difícil.  En fin: Dios es el autor de todos nuestros sucesos, por lo que deben ser todos, para bien nuestro. 

 

Esta reflección, nos consuela cuando estamos en aflicciones; y así, es menester que Usted no la olvide.                     

 

Mi matrimonio se efectuará por poder en Madrid, y después de hecho vendrá Don B(ernard)o con su hija para embarcarnos de aquí en un neutral que toque en N(or)te América.                    

       

Los Toros partirán muy pronto; pues solo esperaban, que los calores no fuesen tan fuertes, para tomar el camino.             

 

En orden a dinero, ya he dicho a Usted todo lo que hay; pues ello es menester conseguirlo de algún modo.  Aunque sería muy bueno que Usted consiguiera de Iriarte su firma.  Usted le puede exponer, que soy conocido por rico, y que lo más del dinero es para mí.

 

Deseo lo pase Usted bien y mande a su afecto sobrino.

 

Simón [18].

 

En vista de la inmadurez y la poca edad de Bolívar, que contaba con apenas diecisiete años, el matrimonio fue aplazado discretamente. Por considerarlo prematuro, su futuro suegro lo envió a Bilbao, tratando de detener el enlace. Desde allí Bolívar le escribe a su novia sin cesar y al parecer  como ella no lo hace con la frecuencia esperada, Bolívar  irónicamente le dice: No prodigue usted tanto sus cartas, porque ya no tengo dinero con que sacarlas de tantos que vienen por todos los correos.

 

Al final, después de tanta insistencia, a pesar de las dificultades que experimentaban ambos por parte de sus representantes, logra las licencias necesarias y se consuma la unión. El acto de desposorio y velación se efectuó en la Iglesia Parroquial de San José de Madrid, el  26 de mayo de 1802[19].

 

Llenos de ilusiones como toda pareja los recién desposados vienen a Venezuela; a donde llega el 12 de julio, después de veintisiete días de navegación. Al arribar, María Teresa, desde el mismo puerto, le escribe a sus padre  Hubieran sido veintiún días si las calmas de La Guaira nos hubieren permitido la entrada al puerto dos días antes. Estuvimos viendo los cerros, las montañas durante dos días, pero la calma era muy grande. Después se refiere con ternura a su esposo y tiene frases de recuerdo para su familia en España.

 

  Una vez en Caracas, parten para San Mateo, donde fijan su residencia.

 

Lamentablemente, ocho meses después, la vida de María Teresa se extingue el 22 de enero de 1803[20] por la terrible enfermedad tropical de la fiebre amarilla. 

 

Tuvo que ser un golpe muy duro para el joven Bolívar esta separación tan inesperada; más tarde, el 10 de mayo de 1828, hablando de este suceso, con el Coronel Luis Perú de Lacroix[21], dijo: 

  Si no hubiera enviudado, quizá mi vida hubiera sido otra; no sería el general Bolívar, ni el Libertador, aunque convengo que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo[22] (...)  Sin la muerte de mi mujer no hubiera hecho mi segundo viaje a Europa (...)  La muerte de mi mujer me puso muy temprano sobre el camino de la política; me hizo seguir después el carro de Marte en lugar de seguir el arado de Ceres; vean, pues, si ha influido o no sobre mi suerte[23].

 

Una vez roto el idilio apasionado por la inesperada muerte de su esposa se desquició por completo el rico hacendado de los Valles de Aragua.  A fin de hallar alguna distracción que compensara su soledad y  su duelo, a fines de 1803 volvió a Europa; ni Madrid y París, con sus placeres, ni las resplandecientes glorias y la pompa de Bonaparte, aliviaron sin embargo, su tedio y misantropía.

 

Estando en la ciudad luz, estrecha sus contactos con su prima Fanny Du Villars. Una referencia conmovedora de su situación y la manera como vivía es la carta que le escribe en 1804, transmitiendo  sus evocaciones con melancólica reminiscencia, es aquí, en ese momento que atestigua la manera como quiso saciar en los placeres la avidez de su alma, indicando como el libertinaje y el juego lo absorbieron siendo testigo de sus grandes locuras. A ella le dice: Si quereis imponeros de mi suerte, lo que me parece justo, es preciso escribirme. De  este modo me veré forzado a responderos, cuyo trajo me será agradable. Yo digo trabajo, porque todo lo que me obliga a pensar en mi aunque sea  diez minutos, me fatiga la cabeza, obligándome a dejar la pluma o la conversación para tomar el aire en la ventana. ¿Me obligareís a deciros lo suficiente para satisfaceros respecto al pobre chico Bolívar de Bilbao, tan modesto, tan estudioso, tan económico, manifestándoos la diferencia que existe con el Bolívar de la calle de Vivienne, murmurador, perezoso y pródigo? ¡Ah Teresa mujer imprudente, a la que no obstante no puedo negar nada, porque ella ha llorado conmigo en los días de duelo! ¿Porqué quereís imponeros de este secreto?… cuando os impongáis del enigma, ya no creereis en la virtud.

 

Oh! Y cuan espantoso es no creer en la virtud…¿Quién me ha metamorfoseado?… ¡Ah! Una sola palabra, palabra mágica que el sabio Rodríguez no debía haber pronunciado jamás.

 

Escuchad, pues pretendeis saberlo:

 

Recordareis lo triste que me hallaba cuando os abandoné para reunirme con el señor Rodríguez en Viena. Yo esperaba mucho de la sociedad de mi amigo, del compañero de mi infancia, del confidente de todos  mis goces y penas, del Mentor, cuyos consejos y consuelos han tenido siempre para mi tanto imperio. ¡Ay! En estas circunstancias, fue estéril su amistad. El señor Rodríguez sólo amaba las ciencias.  Mis lágrimas lo afectaron, porque él me quería sinceramente, pero él no las comprende. Yo lo hallo ocupado en un gabinete de física y química que tenía un señor alemán, y en el cual debían demostrarse públicamente estas ciencias por el señor Rodríguez. Apenas le veo yo una hora al día.  Cuando me reúno con él, me dice de prisa: mi amigo, diviértete, reúnete con los jóvenes  de tu edad, vete al espectáculo, en fin; es preciso distraerte y este es el solo medio que hay para que te cures. Yo  comprendo entonces que le falta alguna cosa a este hombre, el más sabio el más virtuoso, y sin que haya duda el más extraordinario que se puede encontrar. Yo caigo bien pronto en un estado de consunción y los médicos declararon que iba a morir. Era lo que yo deseaba. Una noche que estaba muy malo, me despierta Rodríguez con mi médico:  los dos hablaban en alemán. Yo no comprendía una palabra de lo que ellos decían; pero en su acento, en su fisonomía, conocía que su  conversación era muy animada. El médico después de haberme examinado bien se marchó.  Tenía todo mi conocimiento y aunque muy débil podía sostener todavía una conversación. Rodríguez vino a sentarse cerca de mí: me habló con esta bondad afectuosa que me ha manifestado siempre en las circunstancias más graves de mi vida, me reconviene con dulzura y me hace conocer que es una locura el abandonarme y quererme morir en la mitad del camino. Me hizo comprender que existía en la vida de un hombre otra cosa que el amor, y que podía ser muy feliz dedicándome a la ciencia o entregándome a la ambición: sabéis  con que encanto persuasivo habla este hombre: aunque diga los  sofismas más absurdos cree uno que tiene razón. Me persuade, como lo hace siempre que quiere, Viéndome entonces un poco mejor, me deja,  pero al día siguiente me  repite iguales exhortaciones. La noche siguiente, exaltándose la imaginación con todo lo que yo podría hacer,  sea por las ciencias sea por la libertad de los pueblos de dije: si, sin duda, yo siento que podría lanzarme en las brillantes carreras que me  presentáis pero era preciso que fuese rico… sin medios de ejecución no se alcanza nada; y lejos de ser rico soy pobre y estoy enfermo y abatido. ¡Ah! Rodríguez, prefiero morir…Le di la mano para suplicarle que me dejara morir tranquilo. Se vio en la fisonomía de Rodríguez una revolución súbita: queda un instante incierto, como un hombre que vacila acerca del partido que debe tomar. En este instante levanta los ojos y las manos hacia el cielo, exclamando con una voz inspirada: ¡está salvo! Se acerca a mí, toma mis manos, las aprieta con la suyas que tiemblan y están bañadas en sudor y enseguida me dice con un acento sumamente afectuoso: ¿Mi amigo, si tu fueras rico, sabía lo que esto significaba. Respondo: Si ¡Ah! Exclama él, nosotros estamos salvos… ¿el oro sirve pues para alguna cosa? Pues bien, ¡Simón Bolívar, sois rico! ¡Tenéis actualmente cuatro millones!… No os pintaré querida Teresa la impresión que me hicieron estas palabras ¡Tenéis actualmente cuatro millones! Tan extensa y difusa como  es nuestra lengua española, es, como todas las otras impotente para explicar semejantes emociones. Los hombres las prueban pocas veces: sus palabras corresponden a las sensaciones ordinarias de este mundo; las que yo sentía eran sobrehumanas; estoy admirado de  que mi organización las haya podido resistir.

 

Me detengo: la memoria que yo acabo de evocar me abruma. ¡Oh cuán lejos están las riquezas de dar los goces que ellas hacen esperar!… Estoy bañado en sudor y más fatigado que nunca  después de mis largas marchas con Rodríguez. Me voy a bañar: Os veré después de comer para ir al teatro francés. Os pongo esta condición que no me preguntareis nada relativo a esta carta, comprometiéndome a continuarla después del espectáculo.

 

Rodríguez no me había engañado; yo tenía realmente cuatro millones[24]. Este hombre caprichoso, sin orden en sus propios negocios, que se endrogaba con todo el mundo, sin pagar a nadie, hallándose muchas veces reducido a carecer de las cosas más necesarias, este hombre ha cuidado la fortuna que mi padre me ha dejado con tan buen resultado como integridad, pues la ha aumentado en un tercio. Sólo ha gastado en mi persona ocho mil francos durante los ocho años que yo he estado  bajo su tutela. Ciertamente él ha debido cuidarla mucho. A decir verdad la manera como me hacía viajar era muy económica, él no ha pagado más deudas que las que contraje con mis sastres, pues la que es relativa a mi instrucción es muy pequeña respecto a que él era mi maestro universal.

 

Rodríguez pensaba hacer nacer en mí la pasión a las conquistas intelectuales, a fin de hacerme su esclavo. Espantado del imperio que tomó sobre mí mi primer amor y de los dolorosos sentimientos que me condujeron a la puerta de la tumba, se lisonjeaba de que se desarrollaría mi antigua dedicación a las ciencias, pues tenía medios para hacer descubrimientos, siendo la celebridad la sola idea de mi pensamientos. ¡Ah! El sabio Rodríguez se engaña: me juzga por él mismo.. Yo llego a los veinte y un años, y no podía ocultarme por más tiempo mi fortuna; pero me lo habría hecho conocer gradualmente y de eso estoy seguro, si las circunstancias no le hubiesen obligado a hacérmela conocer de una vez. Yo no había deseado las riquezas: ellas se me presunta sin buscarlas, no estando preparado para resistir a su seducción. Yo  me abandono enteramente a ellas. Nosotros somos los juguetes de  la fortuna; a esta grande divinidad del Universo, la sola que yo reconozco es  quien es preciso atribuir nuestros vicios y nuestras virtudes.

 

Si ella no hubiese puesto un inmenso caudal en mi camino, servidor celoso de las ciencias, entusiastas de la libertad, la gloria hubiese sido  mi solo culto, el único objeto de mi vida. Los placeres me han cautivado, pero no largo tiempo. La embriaguez ha sido corta, pues se ha hallado muy cerca el fastidio. Pretendéis que  yo me inclino menos a los placeres que al fausto, convengo en ello; porque, me parece, que el fausto tiene un falso aire de gloria.

 

Rodríguez no aprobaba el uso que yo hacía de mi fortuna: le parecía que era mejor gastarla en instrumentos de física y en experimentos químicos; así es que no cesa de vituperar los gastos que él llama necedades frívolas. Desde entonces, me atreveré a confesarlo… Desde entonces sus reconvenciones me molestaban y me obligaron a abandonar Viena para libertarme de ellas. Me dirigí a Londres, donde gasté ciento cincuenta mil francos en tres meses. Me fui después a Madrid donde sostuve un tres de un príncipe. Hice lo mismo en Lisboa, en fin, por todas partes ostento el mayor lujo y prodigo el oro a la simple apariencia de los placeres.

 

Fastidiado de las grandes ciudades que he visitado vuelvo a París con la esperanza de hallar lo que no he entrado en ninguna parte, en género de vida que me convenía; pero Teresa, yo no soy un hombre como todos los demás y París no es el lugar que puede poner término a la vaga incertidumbre de que estoy atormentado. Sólo hace tres semanas que he llegado aquí y ya estoy aburrido.

 

Ve aquí cara amiga todo lo que tenía que deciros del tiempo pasado; el presente, no existe para mí, es un vacío completo donde no puede nacer un solo deseo que deje alguna huella grabada en mi memoria. Será el desierto de mi vida… Apenas tengo un ligero capricho lo satisfago al instante y lo que yo creo un deseo, cuando lo poseo solo es un objeto de disgusto. ¿Los continuos cambiamientos que son el fruto de la casualidad, reanimarán acaso mi vida? Lo ignoro; pero si no sucede esto volveré a caer en el estado de consunción de que  me había  sacado Rodríguez al anunciarme mis cuatro millones. Sin embargo, no creais que me rompa la cabeza en malas conjeturas sobre el porvenir. Únicamente los locos se ocupan de estas quiméricas combinaciones. Sólo se pueden someter al cálculo las cosas cuyos datos son conocidos; entonces el juicio, como en las matemáticas, puede formarse de una manera exacta.

 

¿Qué pensáis de mí? Responded con franqueza (Yo pienso que hay pocos hombres que sean incorregibles); y como es siempre útil el conocerse y saber lo que se puede esperar de sí, yo me creeré feliz cuando la casualidad me presente un amigo que me sirva de espejo.

 

Adiós, yo iré a comer mañana con Vos.

 

Simón Bolívar[25].

 

Como el mismo Bolívar expresa, al final, esa vida de vanidad y estrépito por las pasiones insatisfechas terminó por fastidiarle. El recuerdo de Simón Rodríguez[26], su antiguo maestro de la infancia pareció ofrecerle entonces un rayo de esperanza, y marchó a Viena en su busca.  Por cierto que don Simón había dejado para entonces aún el apellido materno de Rodríguez muy prosaico, sin duda, para pasearlo por Europa.  Y se denominaba brillantemente Simón Robinson. En esa época continuó perfeccionando su formación  ideológica, orientando su  educación hacia el estudio de la filosofía contemporánea  y sobre el problema de la libertad del hombre.

         

Aunque el consuelo en Viena no fue muy íntimo, provocó al menos que el maestro buscara, a su vez, el discípulo en París, y que juntos emprendieran en buena parte a pie, el camino hacia las rientes campiñas de Italia y los graves monumentos de la ciudad eterna [27].

 

Algunos historiadores cuya especialidad es complicar los acontecimientos más diáfanos y precisos, andan todavía discutiendo si el Juramento del Libertador fue en el Aventino, en el Monte Sacro o en el Palatino, tres de las siete colinas que dominan a Roma, los únicos actores y testigos del Juramento fueron Rodríguez y Bolívar, ambos afirman que este acontecimiento tuvo lugar en el Monte Sacro el día 15 de agosto de 1805,  y lo ratifica Don Simón Rodríguez en la entrevista que sostuvo en 1850 con su contemporáneo el ilustre colombiano Dr. Manuel Uribe Ángel[28], en la casa del Deán de la Catedral de Quito, Dr. Pedro Antonio Torres. Cuenta el Dr. Uribe Ángel, que Monseñor Torres dirigiéndose a Don Simón Rodríguez le dijo: Don Simón, tengo el gusto de presentar a usted a mi amigo, el Dr. Manuel Uribe  Ángel. Dr. Presento a usted, un antiguo compañero de armas, el señor Don Simón Rodríguez.

 

Continúa el Dr. Uribe Ángel: dirigiéndome entonces al anciano que me había sido presentado, no creí hallar en los recursos de mi pobre educación una frase m{as amable y adecuada a las circunstancias que ésta: Señor Don Simón, tengo mucho gusto en conocer y saludar al Maestro de nuestro Libertador.  El viejo Rodríguez, con una risita que me pareció sarcástica, me contestó: Fuera de ese, tengo algunos títulos para pasar a la posteridad.

 

Una tarde paseando juntos y departiendo en mucha intimidad, se detuvo de pronto Don Simón y dijo al Dr. Uribe Ángel: -Para que sacies tu curiosidad, voy a referirte lo que pasó en Roma:

 

Después  de la coronación  de Bonaparte, de que ya te hablé,  viajamos Bolívar y yo, en estrecha compañía  y en íntima amistad, por gran parte del territorio de Francia, Italia y Suiza. Unas veces  íbamos  a pie y otras en diligencia.

 

En Roma nos detuvimos bastante tiempo, y para que sacies tu curiosidad voy a referirte lo que allá pasó.

 

Un día, después de haber comido y cuando el sol ya declinaba al Occidente, emprendimos (con Bolívar) un paseo hacia el Monte Sacro.

 




Aunque esos llamados Montes no sean otras cosas que rebajadas colinas, el calor era tan intenso, que nos agitamos en la marcha lo suficiente para llegar jadeantes y cubiertos por copiosa transpiración a la parte culminante de aquel mamelón. Llegados a ella, nos sentamos sobre un trozo de mármol blanco, resto de una columna destrozada por el tiempo.

 

Yo tenía fijo mis ojos sobre la fisonomía del adolescente; porque percibía en ella cierto aire de notable preocupación y concentrado pensamiento.

 

Después de descansar un poco, y con la respiración más libre, Bolívar, con cierta solemnidad que no olvidaré jamás, se puso en pie, y, como si estuviese solo, miró a todos los puntos del horizonte y al través de los amarillos rayos del sol poniente pasó su mirada escrutadora, fija y  brillante por sobre los puntos principales que alcanzábamos a dominar.

 

Luego, levantando la voz dijo:  ¿Conque éste es –dijo- el pueblo de Rómulo[29] y de Numa[30], de los Gracos[31] y los Horacios[32], de Augusto[33] y de Nerón[34], de César[35] y de Bruto[36], de Tiberio[37] y de Trajano[38]? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna. Octavio se disfraza con el manto de la piedad pública para ocultar la suspicacia de su carácter y sus arrebatos sanguinarios; Bruto clava el puñal en el corazón de su protector para reemplazar la tiranía de César con la suya propia; Antonio[39] renuncia los derechos de su gloria para embarcarse en las galeras de una meretriz; sin proyectos de reforma, Sila[40] degüella a sus compatriotas, y Tiberio[41], sombrío como la noche y depravado como el crimen, divide su tiempo entre la concupiscencia y la matanza. Por un Cincinato[42] hubo cien Caracallas[43], por un Trajano cien Calígulas[44] y por un Vespasiano cien Claudios. Este pueblo ha dado para todo: severidad para los viejos tiempos; austeridad para la República; depravación para los Emperadores; catacumbas para los cristianos; valor para conquistar el mundo entero; ambición para convertir todos los Estados de la tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer pasar las ruedas sacrílegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su canto, como Virgilio[45]; satíricos, como Juvenal[46] y Lucrecio[47]; filósofos débiles, como Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón. Este pueblo ha dado para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros; pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada.

 

 La civilización que ha soplado del Oriente, ha mostrado aquí todas sus fases, han hecho ver todos sus elementos; más en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo.

 

 Y luego, volviéndose hacia mí, húmedos los ojos, palpitante el pecho, enrojecido el rostro, con una animación febril, me dijo:

 

 ¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!

 

Tú sabes, hijo, -agregó el señor Rodríguez-que el muchacho cumplió su palabra. Toca a las generaciones venideras perfeccionar su obra. En cuanto a ti, en quien noto cierta propensión a la historia, quiero darte un consejo, y es éste: si alguna vez pretendes y puedes escribir, cuéntales a tus compatriotas en términos sencillos y sin lujo de fantasía lo que sepas sobre tus antepasados, para que aprendan a respetar su memoria y a reconocer sus sacrificios[48].

Los párrafos anteriores sirven para apreciar la extensión de los conocimientos que Bolívar había asimilado en sus lecturas de las obras maestras de la antigüedad clásica; más aún de la Historia Romana.

 

La dramática escena del Monte Sacro, tenida por algunos como la súbita revelación de su destino en la culminación de un proceso mental y volitivo, estimulado singularmente por la contemplación del mundo moderno, arraiga en él la convicción de haber llegado la hora de colocar en manos americanas el futuro del Continente.

 

Ella traduce y refleja la voluntad de erigirse en personero de los descendientes de los conquistadores y primeros pobladores para afirmar, en fórmulas cónsonas con los signos de los tiempos su deseo al derecho a la tierra. La madurez de su propósito emancipador, donde se familiariza con el contenido de la Enciclopedia formándose el humano concepto de redención de los oprimidos, fusionando los valores del mundo político de la república romana con el imaginario político de las modernas revoluciones europeas; trasladándolo y adaptándolo a su condición histórica.

 

Lo más seguro es que, a continuación, Rodríguez debió agregar algún comentario al juramento, tal como lo expresa Bolívar en carta que dirige a su maestro, desde Pativilca, el 19 de enero de 1824 cuando le dice: ¿Se acuerda usted cuando fuimos juntos al Monte-Sacro en Roma, a jurar sobre aquella tierra santa de la Libertad de la Patria?. Ciertamente no habrá Usted olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros: día que anticipó, por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que no debíamos tener[49]. Ese día nació el Libertador, y como lo dijera después Simón Rodríguez, los hombres no nacen cuando los dan a luz, sino cuando ellos mismos comienzan a darle luz al mundo[50].

 

Esta narración pone en evidencia la influencia de la Historia romana, su ejemplo y la vivencia que esas jornadas tuvieron en la vida del Libertador, causando un impacto trascendental en su formación intelectual y política, logrando así, la inspiración de los sueños y ambiciones del Libertador., creador de República libres. Él mismo  la expresa con especial agudeza manifestando su intuición de reconducir aquel nuevo mundo, hacia el esplendor de la Roma fundadora del arquetipo de República, hacia la libertad que había sido la mayor gloria y el patrimonio de los antiguos estados ratificando el valor de la elocuencia del Juramento como gesto y signo característico de la época.

 

Veamos, ahora, brevemente, ¿qué representa, en ese momento, la inspiración del  juramento?.

 

En los últimos años del siglo XVIII utilizaron en sus transformaciones revolucionarias la práctica del juramento para transmitir una serie de valores alegóricos y simbólicos que hasta ese momento eran ignorados u olvidados hasta entonces. El prometido ejercicio de una acción de destrucción y otra de edificación; de eliminación del pasado y refundación del futuro[51].

 

  Ella es una convicción típica de la ilustración que se expresa a través de una promesa iniciada con una palabra pronunciada y comprometida que habrá de ser renovada y mantenida en el tiempo, hasta tanto haya sido eliminado el antiguo régimen y fundado el nuevo orden.

 

En el juramento público lo esencial es el hecho de darle legitimidad al nuevo orden sellando el encuentro de aquellos hombres con los principios eternos, por lo tanto es un acto puntual que se pronuncia en un instante comprometiendo el porvenir uniendo energías que, sin él se dispersarían[52].

 

Por otra parte tenemos la demostración en el magisterio de la historia, que enseña todas las cosas[53] y ofrece maravillosos ejemplos de la cultura romana en la correspondencia  del Libertador que se manifiesta en un fecundo desarrollo sinnúmero de orientadoras referencias directas a acontecimientos de la Historia de Roma, tales como:

 

En el Discurso pronunciado en la Asamblea celebrada en Caracas, el día 2 de enero de 1814, en la iglesia del Convento de los religiosos Franciscanos dijo: Yo no soy como Sila, que cubrió de luto y de sangre a su patria; pero quiero imitar al dictador de Roma en el desprendimiento con que abdicando el Supremo Poder, volvió a la vida privada y se cometió en todo al reino de las leyes de la República[54]

 

Cuando sitiaba a la capital Cundinamarca recibió de las autoridades bogotanas su negativa a las proposiciones de paz que le ofrecía. Su comentario se lo hace saber a Juan Jurado desde Campo del Techo, el 9 de diciembre de 1814 diciendo: Si hay resistencia las casas serán reducidas a cenizas, si por ella se nos ofende. Llevaré dos mil teas encendidas para reducir a pavesas una ciudad que quiere ser el sepulcro de sus libertadores y que recibe con oprobios los más ultrajantes al que viene de tan remotos países a romperle las cadenas que sus enemigos quieren imponerle. Estos cobardes tanto como fanáticos me llaman irreligioso y me nombran Nerón, yo seré pues su Nerón, ya que me fuerzan a serlo contra los más vehementes deseos de mi corazón, que ama a los hombres, porque son sus hermanos, y a los americanos porque son sus compañeros de cuna e infortunio[55].

 

El 7 de abril de 1820, desde Pamplona le escribe a Santander lo siguiente: La amenaza o por lo menos el recuerdo de la responsabilidad efectiva, no es cosa que me intimida, porque yo tengo formado este cálculo: si triunfamos estoy resuelto a seguir el ejemplo de Sila y sin duda me agradecerán la libertad los colombianos como se la agradecieron a Sila los romano. Si somos batidos, no habrá ni patria ni tribunal, y si muero respondo con la vida[56].

 

El 25 de febrero de 1825 se dirige a Santander desde Pativilca refiriéndose a otra faceta del general romano: ¿Podrá usted creer que es ésta la situación maestra de mi vida? Pues no se debe dudar. Si salgo bien de ella podré tomar con justicia el epíteto de Fausto que se tomó Sila[57].

 

En carta que dirige al General Santander, el 20 de mayo de 1825, para refutar el escrito de un viajero francés expresa como fue la educación que recibió: Ciertamente que no aprendí la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen y del error; pero puede  ser que Mr. Mollien no haya estudiado tanto como yo a Locke, Condillac, Bufón, D’Alembert, Helvetius, Montesquieu, Mably, Filangieri, Lalande, Rousseau, Voltaire, Rollin, Berthot (sic) y a todos los clásicos de la antigüedad, así filósofos, historiadores, oradores y poetas; y todos los clásicos modernos de España, Francis, Italia y gran parte de los ingleses...[58].

 

En correspondencia remitida a Santander desde la Magdalena, el 7 de junio de 1826, expresa: Yo lo he sacrificado todo por la patria y por la libertad de ella; pero no puedo sacrificarle el carácter noble del hombre libre y el sublime título de Libertador. Para salvar la patria he debido ser un bruto y para contenerla en una guerra civil debería ser un Sila. Este último carácter no me conviene: antes perderé todo, la vida misma[59].

 

Hallándose todavía en Lima, a punto de regresar a Colombia, le dice a Santander el 8 de agosto de 1826: Si yo quisiera imitar a Sila pudiera retardar quizás algún tanto nuestra pérdida, pero después de haber hecho el Nerón contra los españoles me basta de sangre. Me serviría de disculpa el llamarlos tiranos, pero contra los patriotas no valdrá esta excusa[60].

 

Cuando desde Caracas le escribe al General Wilson, el 16 de junio de 1827, dice: Mi impetuosa pasión, mi aspiración mayor es la de llevar el nombre de amante de la libertad. El papel de bruto es mi delirio; y el de Sila, aunque salvador de la constitución  romana, me parece execrable[61].

 

En Guayaquil, 22 de julio de 1829 aclara: No cedo en amor a la gloria de mi patria a Camilo[62].

 

Con su ejemplo y sus vivencias, Bolívar, mediante el simple estallido de una pasión contenida, anticipó su esperanza, dando a conocer sus intenciones. De esta manera, lega a las nuevas generaciones, las herramientas fundamentales para que cada uno construya un próspero porvenir.

Simón Rodríguez

[1] Su Fe de Bautismo de encuentra en el Archivo Parroquial de la Catedral de la Arquidiócesis de Caracas. Libro 15 de Bautismos de Blancos. fol. 128.

[2] Véase: Lecuna Vicente: Guillermo Pelgrón, uno de los primeros maestros del joven Simón Bolívar.

En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia, No. 143, julio-septiembre de 1953. p. 295-297.

[3] Sociedad Bolivariana de Venezuela. Escritos del Libertador. II. Documentos Particulares I. Cuatricentenario de la ciudad de Caracas. Editorial Arte, Caracas. 1967.

[4] En anteriores publicaciones se había transcrito siempre: inglecas, pero es claro que Bolívar modificó la penúltima letra, transformándola en una e por la cual debe leerse ingleces.

[5]Testado: pues ya me boi a enbarcar.

[6] Hay una palabra ilegible tachada.

[7] Fue reproducida por el Doctor Vicente Lecuna en Cartas del Libertador. Corregidas conforme a los originales. Mandadas a publicar por el Gobierno de Venezuela presidido por el General Juan Vicente Gómez. Tomo I. 1799-1817. Caracas. Litografía y Tipografía del Comercio. 1929. p. 4-5.

[8] Carta de Pedro Palacios a su hermano Carlos. Madrid, 22 de agosto de 1799.

En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Nº 52. p. 555-556.

[9] En su obra Un rasgo de Bolívar en campaña. Nueva York, 1835. p. 7. Fue reproducido en En: Blanco, José Félix y Ramón Azpurúa: Documentos para la Historia de la vida pública del Libertador. Caracas: Litetecnia. C. A.  de artes gráficas. Tomo IX. Documento 2.378. El Libertador en el Perú, en 1824. Un rasgo de Bolívar en campaña. Opúsculo escrito por un oficial distinguido de la marina de los Estados Unidos de Norteamérica, que, en comisión del Comodoro Hull, Comandante naval angloamericano cerca del jefe de los ejércitos de Colombia y el Perú que libertaron la tierra de los incas, entró por el Callao en mayo de 1824 y trató de cerca de Bolívar en parte de su campaña. p. 308-326. Ediciones de la Presidencia de la República. Véase: p. 324-325.

[10] Hija legítima del Señor Don Bernardo Rodríguez del Toro y Ascanio, natural de la ciudad de Caracas y de la Señora Doña Benita de Alaiza y Medrano, natural de la ciudad de Valladolid. Nació el 15 de octubre de 1781.

[11] Con el tiempo este apellido se ha modificado por Aristeguieta y Aristiguiesta.

[12] Su nombre completo era Jerónimo Ustáriz y Tovar (1735-1809). Llegó a ejercer los cargos de Intendente de Provincia y Ministro del Consejo Supremo de Guerra.

[13] Entiéndase Mallo (1771-1838). Natural de la ciudad de Popayán en el Nuevo Reino de Granada. Residió con sus padres en Caracas de 1776 a 1788.

[14] En la copia del vol. 45, fº 3, se lee: decidirse.

[15] En la copia del vol. 45, fº 3, se lee: de todo corazón.

[16] Archivo del Libertador. Vol. 171. fol. 257 rº y vº. Copia escrita por Juan Bautista Pérez y Soto. En el vol. 45, fol. 3, existe otra copia. Fue dada a conocer en Documentos para la Historia de la Vida Pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia, publicados por disposición del General Guzmán Blanco, Ilustre Americano, Regenerador y Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, en 1875. Tomo II. Caracas. Imprenta de La Opinión Nacional de Fausto Teodoro de Aldrey. Plaza Bolívar. 1875. p. 22.

[17] Se refiere a su tío Esteban Palacios y Sojo Blanco (1767-1830). Tío materno del Libertador y su padrino de confirmación (en 1790. Véase: Archivo de la Catedral de la Arquidiócesis de Caracas. Libro de Confirmaciones. Año 1790. Fol. 159-160). Hijo de Feliciano Palacios y Sojo y Gil de Arratia y de Francisca Blanco Infante de Herrera. A su iniciativa se debió el traslado de Bolívar a España a comienzos de 1799 para que completara sus estudios. En 1800, es desterrado de Madrid y enviado a Cataluña, donde quedó confinado sufriendo prisión por varios años debido a sus relaciones con Nariño y Mallo, lo cual despertó el recelo de Manuel Godoy, favorito de Carlos IV. Una vez puesto en libertad, llegó a ser director del teatro italiano de Barcelona. Fue Diputado a las Cortes de Cádiz, y con tal carácter firmó el 18 de mayo de 1812, la Constitución de la monarquía Española (La Pepa). En abril de 1825 regresó a Caracas, donde llegó a ser Contador Decano del Tribunal de Cuentas e Intendente y Director General de Rentas, por enfermedad de su titular Don Cristóbal Mendoza, desde principios de 1828 hasta el 8 de agosto de ese mismo año. Murió en Caracas, el 13 de octubre de 1830. En 1912, con motivo de la conmemoración del Centenario de las Cortes de Cádiz, el nombre de Don Esteban, junto con el de sus ilustres compañeros, Fermín de Clemente y Palacios (1775-1847) (Sus restos reposan en la cripta funeraria de San Felipe Neri de Cádiz) y Don José Domingo de las Nieves Ortega de Azarraullia (1768-1835?). Para una explicación más amplia véase: Chacón Rodríguez, David R.: Participación de los Diputados Venezolanos en las Cortes de Cádiz. En Revista Gades. Diputación de Cádiz (España). Nº 20. 1992. p. 251-284, y Chacón Rodríguez, David R.: Las Elecciones Provinciales de Barquisimeto en 1820, a la luz Diálogo familiar entre Juanito y Pepe. Editado por la Fundación Hermano Nectario María. Sevilla.1989.

[18] Sociedad Bolivariana de Venezuela. Escritos del Libertador. II. Documentos Particulares. I. Cuatricentenario de la ciudad de Caracas. Editorial. Arte. Caracas, 1967. p. 98-99.

[19] El documento original se encuentra en el Archivo de la Iglesia Parroquial de San José. Vol. 66. Sección Matrimonios. Diciembre de 1800 a noviembre de 1815. fol. 55 vto. Véase además: Nectario María, Hermano: Primitiva Iglesia de San José en donde se casó Simón Bolívar. Editado por la sociedad Bolivariana de Sevilla. Madrid: Imprenta Juan Bravo. 1968. p. 18-19.

[20] Sus restos reposan en la Cripta de la familia Bolívar en la Capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas. Sobre su tumba el escultor Vitorio Macho realizó el Monumento a los padres (Concepción Palacios Blanco y Juan Vicente Bolívar y Ponte) y esposa del Libertador (María Teresa del Toro y Alayza).

[21] Su nombre completo era: Louis Gabriel Jean Perú de Lacroix Maussier. Era de origen francés, nacido en 1780. Fue soldado de Napoleón y actuó como agente suyo en Londres contra los Borbones. Acompañó a Bolívar, como miembro de su Estado Mayor, durante la permanencia de éste en Bucaramanga, desde el 1" de abril hasta el 9 de junio de 1828, mientras en Ocaña tenía lugar la célebre Convención. En 1830 fue desterrado a las Antillas por Bolivariano; al poco tiempo después regresó a Caracas, donde se le expulsó nuevamente en 1836. Dos años más tarde ponía fin a su vida porque prefería la muerte a tener que mendigar. En su testamento dice que dejó antes de 1836, en Caracas, una obra suya manuscrita, titulada Diario de Bucaramanga o Vida Pública y privada del Libertador Simón Bolívar.

[22] Pueblo de los Valles de Aragua donde tenía su hacienda.

[23] En: Diario de Bucaramanga. Vida pública y privada del Libertador Simón Bolívar. Barcelona: Editorial Antalbe. 1981. p. 98-100.

y en Simón Bolívar La Esperanza del Universo. Introducción, selección, notas y cronología de J. M. Salcedo Bastardo. Prólogo de Arturo Uslar Pietri. UNESCO. Publicado en 1983 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. p. 26.

[24] El monto real de su fortuna ascendía en ese entonces a unos 150.000 pesos, la cual fue aumentada posteriormente por la herencia de su hermano. Véase: Lecuna, Vicente.: Cartas del Libertador. Caracas. Tomo X, 1930. p. 395.

[25] Simón Bolívar. Obras Completas. Ministerio de Educación Nacional de los Estados Unidos de Venezuela. Compilación y notas de Vicente Lecuna, con la colaboración de la señorita Esther Barret de Nazaris. Vol. 1. Cartas del Libertador comprendidas en el período de 20 de marzo de 1799 a 31 de diciembre de 1826. Doc. Nº 12. p. 20-24. Arístides Rojas copió esta carta de La Patria, Bogotá, en 1872, por el señor Quijano Otero, quien la tomó del nº 1º del Faro Militar correspondiente al mes de julio de 1845, publicado bajo los auspicios del Gobierno del Perú y éste a sus vez lo copió del periódico Debates Políticos y Literarios de París.

[26] Nació en Caracas, el 28 de octubre de 1769. En 1794, presenta al Ayuntamiento sus Reflexiones sobre los defectos que vician la Escuela de Primera de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento, donde hace un planteamiento crítico sobre la enseñanza colonial. Al poco tiempo se cambió el nombre por el de Samuel Robinson. Luego viaja a Estados Unidos donde reside hasta fines de 1800. Al año siguiente va a París y allí traduce La Atala de Chateaubriand. En esa ciudad se encontrará de nuevo con Bolívar en 1804 y de allí parten juntos en abril del año siguiente, a un viaje que los lleva por Lyon y Chamberri para luego atravesar Los Alpes y entrar en Italia a Milán, Venecia (en este lugar presencian la coronación de Napoleón como Rey de Italia), Ferrara, Bolonia, Florencia y Roma, donde el 15 de agosto hace su famoso juramento en pro de la Independencia. En 1824, realiza en Bogotá la primera fundación de una escuela-taller. En su paso por el Ecuador, presenta en Quito un Plan de colonización para el oriente de Ecuador y en Ibarra, funda la Sociedad de Socorros Mutuos.  En noviembre de 1825. Bolívar lo nombra Director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas, Matemática y de Artes y Director General de minas, Agricultura y Caminos Públicos de la República Boliviana. En 1828, publica el Pódromo de la obra Sociedades Americanas en 1828. En 1830 aparece su libro El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos por un amigo de la causa social, el cual es un alegato en favor de Bolívar. En septiembre de ese año, sale a la luz su ensayo científico Observaciones sobre el terremoto de Vinconcaya, donde hace un análisis de la conservación de la naturaleza, la economía y la sociedad. En 1834, publica su libro Luces y Virtudes Sociales, donde da a conocer su concepto sobre las escuelas primarias, puntualizando la diferencia entre instruir y educar. Seguidamente edita el Informe sobre Concepción después del terremoto de febrero de 1835. En Valparaiso el año 1838 publica varios artículos en El Mercurio. En 1849 publica en el periódico El Neogranadino de Bogotá su Extracto sucinto de mi obra sobre la educación Republicana, y dos años después entrega al Colegio de San Vicente Consejos de un amigo dados al Colegio de Latacunga. Murió en Amotape (Perú) el 28 de febrero de 1854.

[27] Leturia Pedro de, S. J. Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica. Volumen II.

[28] Nació en Envigado el 4 de septiembre de 1822. 1904). Es considerado el Padre de la Medicina Antioqueña, y primer ecólogo de Colombia. Nació en Envigado, Antioquia, Colombia. Hijo de José María Uribe y María Josefa Ángel. Hizo sus primeras letras con el maestro Alejo Escobar. Salió de la escuela y empezó a servir de amanuense a un empírico llamado Nicolás de Villa Tirado.

Estudió medicina en la Universidad Central de Bogotá y recibió su grado de Doctor en 1845. Regreso a Medellín para ejercer su profesión, dedicarse a estudiar historia y geografía y a escribir. Contrajo matrimonio con Magdalena Urreta.

Fue uno de los fundadores y profesor de la facultad de medicina de de la Universidad de Antioquia en 1861. Considerado maestro de los médicos antioqueños y reconocido como sabio naturalista e historiador. Fue Gobernador del Departamento en 1877, Senador de la República en 1882 y miembro fundador y primer presidente de la Academia de medicina de Antioquia.

Se considera que el Dr. Uribe Ángel fue el intelectual más importante de Antioquia en su época, por sus numerosas publicaciones entre las cuales se destaca la Geografía General y compendio histórico del Estado de Antioquia (1885) y La Medicina en Antioquia, 1936. Fue Designado a la Presidencia de la República (1881).

En Marzo de 1903, recibió un mensaje de la Academia Colombiana de Historia: lo nombraron miembro correspondiente. Nueve meses después, un 3 de Diciembre a la una de la tarde, se hizo en la casa de Manuel la primera reunión de la Academia Antioqueña de Historia. Se reunieron alrededor de su lecho de enfermo y lo nombraron su presidente. Manuel Uribe Ángel fue reconocido por la Asamblea Legislativa —entre otros servicios, por defender los límites de Antioquia con sus conocimientos geográficos y de archivos sobre títulos, etc. Su nombre se recuerda en el Hospital Manuel Uribe Ángel de Envigado.

 

[29] Entre los logros que se atribuyen a Rómulo estará la creación del Senado, la fundación de tres tribus y la división del pueblo en 30 curias.

[30] Se refiere a Numa Pompilio, segundo rey de Roma elegido después de la muerte de Rómulo por su alto sentido de la justicia y su alta competencia religiosa. Se le supone originario de la ciudad sabina de Cures y es considerado el promotor de la organización religiosa que introdujo el calendario de doce meses. También se piensa que unificó las comunidades del Palatino y el Quirinal.

[31] Tiberio Sempronio Graco, (162 a.C. - Roma 132 a.C.)

Hijo de Tiberio Sempronio Graco y Cornelia -hija de Escipión el Africano- y hermano de Cayo, Tiberio fue elegido tribuno de la plebe en el año 133 a.C. dedicándose a defender con pasión las ideas progresistas que había conocido desde su infancia. Su primera medida fue defender ante la Asamblea una audaz reforma agraria con la que mejorar las negativas condiciones económicas y sociales en las que vivían buena parte de los ciudadanos romanos. Con esta reforma se pretendía acabar con el latifundismo tanto público como privado. El Senado declaró ilegales las propuestas de Tiberio pero la Asamblea ratificó las medidas planteadas. Al año siguiente, Tiberio volvió a luchar por el tribunado, tanto por continuar con sus reformas como por evitar el proceso que le preparaba el Senado cuando acabara su mandato. Sus propuestas se radicalizaron para obtener el apoyo de la plebe. El día de las elecciones, Tiberio se presentó en el Foro vestido de luto, posiblemente intuyendo su inmediato futuro. Un grupo de senadores, contrarios a la política de Tiberio ya que en su mayoría eran terratenientes, acabó con su vida y la de un amplio número de seguidores, arrojando su cadáver al Tíber. Su hermano Cayo continuó su política diez años después.

[32] Quinto Horacio Flaco (56 a.C. - 8 a.C.). Hijo de un esclavo que consiguió la manumisión. Fue uno de los poetas más importantes de la literatura romana. A los 20 años se trasladó a Atenas para estudiar filosofía y a su regreso a Roma estableció una estrecha amistad con Mecenas y Virgilio, los promotores de su contacto con Augusto. La obra que escribirá en Roma está dividida en cuatro grupos: Odas, Epodos, Sátiras y Epístolas. En la mayoría de ellas hace un significativo elogio de los placeres mundanos y de la sencillez, al tiempo que realiza ataques directos contra personas concretas y algunas reflexiones de carácter moral, utilizando un estilo sencillo y equilibrado que será imitado en el Renacimiento.

[33] Augusto. Octavio. Nace el 24 de septiembre del año 63 a.C. en el seno de una familia burguesa procedente de Veletri, en el Lazio. Falleció en las cercanías de Nola, en la Campania, el 15 de marzo del año 14, a los 77 años de edad, después de una bronquitis. Su padre se llamaba Cayo Octavio y había sido durante un tiempo gobernador de Macedonia. Su carrera política estuvo determinada por su matrimonio con Atia, una sobrina de César. Cuando Cayo Octavio iba alcanzar el consulado, falleció (58 a.C.). De ese matrimonio, posiblemente de conveniencia como todos entre los miembros de la élite romana, habían nacido dos hijos: Octavia y Cayo Octavio, más conocido posteriormente como Augusto. En el año 45 a.C. Julio César adopta a Octavio quien, desde ese momento, se llamará Cayo Julio César Octaviano. El 16 de enero de 27 a.C. recibe del Senado el nombre de Augustus, una nueva denominación oficial que recogía la grandeza de sus actos.

La obra arquitectónica más importante que se levantó durante sus más de 50 años de gobierno es el Ara Pacis, el Altar de la Paz cuyos espléndidos relieves aún hoy podemos contemplar en las cercanías del Tíber.

[34] Claudio César Druso Germánico –Nerón-. (Anzio 37 - Roma 6-6-68).

[35] Cayo Julio César (Roma 12-7-100 a.C. - Marzo 44).

Era miembro de una de las familias más laureadas de Roma, los Julios, que se decían descendientes de la misma Afrodita.

[36] Marco Junio Bruto. (85 a.C. - 42 a.C.). Fue adoptado por César y nombrado gobernador de la Galia Cisalpina y pretor en Roma. Sin embargo, participó en algunas conspiraciones contrarias al gran Julio. De la primera liderada por Pompeyo salió bien parado al recibir el perdón pero su intervención en el asesinato de César en las puertas del Senado durante los idus de marzo del año 44 a.C. fue castigada por Augusto. Bruto y Casio, los líderes de la conspiración, se trasladaron a tierras asiáticas donde Octavio libró con ellos la batalla de Filipos, obteniendo el futuro augusto la victoria junto a Antonio. Viendo perdido todo, Bruto se suicidó.

[37] Tiberio Claudio Nerón (Roma 42 a.C. - Miseno 37)

Cuando Augusto falleció en el año 14 de nuestra era, el sucesor designado fue Tiberio, el hijo menor de Agripa y Livia. El nombramiento no fue fácil ya que Augusto nunca mostró hacia él especial atracción. En el año 11 a.C. le había obligado a divorciarse de Vipsania para casarse con Julia, la licenciosa hija de Augusto. Participó en las campañas de Germania, Dalmacia y Panonia, brillando como general por lo que fue nombrado tribuno en el año 6 a.C. La conducta escandalosa de su esposa y la descarada preferencia del emperador por sus nietos como herederos fueron los responsables de su traslado a Rodas, regresando a la capital imperial en el año 2 de nuestra era. Tras la muerte de Cayo César sólo quedaba Tiberio como sucesor, siendo adoptado por Augusto e investido con poderes proconsulares. Su gobierno está caracterizado por la contradicción, reflejo de su carácter. El Senado le otorgó las mismas prerrogativas que a su antecesor, asegurándose su fidelidad frente a la popularidad alcanzada por Germánico. Pronto se desencadenó una revuelta en Panonia y en el Rin debido al descontento de los soldados por el retraso en el cobro de sus pagas. La revuelta se sofocó haciendo concesiones a las tropas. La muerte de Germánico en Siria motivó que las acusaciones sobre un presunto envenenamiento se acercaran al emperador, produciéndose una fuerte convulsión en la familia imperial que se resolvió con el exilio de Agripina y la adopción de Calígula. Los complots que se producían de manera casi regular motivaron que Tiberio fortaleciera las bases militares del Imperio, estableciendo a los pretorianos en Roma. El jefe del pretorio, Sejano, se convertía en el personaje más importante tras el emperador y él recibió el gobierno cuando Tiberio se trasladó a Capri en el año 26, abandonando el poder para entregarse a los placeres. Cinco años después regresaba a la vida pública acabando con el gobierno del jefe del pretorio. Sejano fue condenado a muerte y ejecutado. Respecto a su política interna, podemos decir que el gobierno de Tiberio continuó la línea marcada por su antecesor, especialmente en los aspectos económicos y administrativos. Las provincias gozaron de buena salud pero paulatinamente se impuso un régimen de terror, en parte motivado por los complots que fueron surgiendo. Hacia el año 33 Tiberio regresó a su retiro de Capri, donde la leyenda negra se empezó a fraguar, mostrándonos a un Tiberio participando en todo tipo de perversiones sexuales, salpicadas de continuas crueldades.

[38] Marco Ulpio Trajano (Itálica 53 - Selinonte 117). Fue el primer ciudadano romano de origen provincial que accedió al trono imperial. Pronto destacó en la carrera militar tanto en Germania como en Oriente, recibiendo el nombramiento de cónsul en el año 91 y lugarteniente de Germania Superior. Nerva le tomó como hijo adoptivo en el año 98 y le nombró césar, asociándole a las tareas de gobierno. De esta manera el anciano Nerva solucionaba sus tensas relaciones con el ejército. Cuando Nerva murió, Trajano estaba en la frontera renana y allí permaneció durante un año y medio para consolidar esta posición defensiva. Roma le abrió sus puertas en el verano del año 99, poniendo en marcha un programa político caracterizado por la firmeza y la benevolencia. Renovó el Senado al nombrar senadores procedentes de las provincias orientales y fue eliminando numerosas tareas que fueron conferidas a la burocracia. Controlaba todas las iniciativas no sólo de carácter estatal sino también provincial y favoreció la asistencia estatal entregando regulares subsidios las familias pobres. Los senadores fueron obligados a comprar tierras en Italia con el fin de introducir nuevos capitales en la economía agraria. Llevó a cabo un intenso programa de infraestructuras tanto para el desplazamiento de las tropas como para el comercio, que se vio favorecido. Puentes, calzadas y canales fueron construidos. La política exterior estuvo enfocada hacia la conquista. Los dacios liderados por Decébalo fueron su primer objetivo, consiguiendo ocupar el territorio en el año 106, tras cinco años de duras luchas. De esta manera, Dacia se convertía en provincia romana y la zona del mar Negro quedaba bajo su influencia. La campaña está narrada en los relieves de la famosa Columna de Trajano que se puede contemplar en Roma. También se conquistó el reino nabateo de Arabia noroccidental, Armenia se convertía en provincia romana y se invadió Mesopotamia. Cuando Trajano se disponía a atacar el corazón del reino de los partos, se produjo una grave rebelión en Mesopotamia, Palestina, Chipre, Egipto y Cirenaica. El emperador tuvo que cambiar sus planes de conquista hacia la India y acabar con los focos de rebelión, a excepción de Palestina que finalizó en época de Adriano. Un ataque de parálisis le provocó la muerte en Cilicia cuando era transportado a Roma. Su gobierno fue uno de los más brillantes y largos del período imperial.

[39] Marco Antonio ( - Egipto 31 a.C.). Era miembro de una de las familias más ilustres de Roma -la gens Antonia-. Su madre estaba emparentada con Julio César quien sintió especial atracción hacia el joven. No en balde, Antonio acompañó al general en la conquista de las Galias, convirtiéndose en uno de sus más estrechos colaboradores y defensores de la política democrática. César y Antonio fueron elegidos cónsules en el año 44 a.C., el fatídico año en el que Bruto y Casio decidían poner fin a la vida del dictador por temor a ver como la República finalizaba. De hecho Antonio acompañaba a César cuando éste fue asesinado ante el Senado. Antonio consiguió calmar a la muchedumbre y se convirtió en el verdadero dueño de la situación. Pero no contó con un nuevo personaje que hizo acto de presencia en el testamento de César: Octavio. El Senado no aceptaba de buen grado la sólida posición de Antonio que quedaba como gobernador de la Galia, por lo que se formó un importante grupo opositor liderado por Cicerón. Pero Antonio fue a tomar posesión de su cargo, lo que motivó el enfrentamiento con Décimo Bruto en Módena. El ejército senatorial dirigido por Octavio, Hirico y Pansa obtuvo una importante victoria y Antonio tuvo que huir con sus tropas. En Roma el triunfo de los enemigos de César -el Senado y Cicerón- motivaría que los cesaristas llegaran a un acercamiento. De esta manera surge el Segundo Triunvirato formado por Octavio, Antonio y Lépido el 27 de noviembre del año 43 a.C. Los triunviros se repartieron el gobierno de los territorios, adjudicando a Antonio primero las Galias y después Asia. Será en Asia donde se produzca la derrota de los asesinos de César -batalla de Filipos, año 42 a.C.- y donde Antonio conozca a Cleopatra, la bella reina de Egipto. El encuentro entre ambos se produjo en Tarsos y Antonio se prendó de las belleza de Cleopatra. No importaba que estuviera casado con Fulvia, mujer ambiciosa que murió envuelta en un oscuro complot. Los amantes se instalaron en Alejandría antes de iniciar una serie de campañas contra los persas que no dieron el resultado esperado, aunque se impuso un virtual vasallaje a Armenia. Para sellar las alianzas y hacer sentar la cabeza a Antonio, Octavio casó al general con su hermana, quien durante un tiempo intentó hacer olvidar a Cleopatra. Pero la maniobra no dio resultados y el siguiente paso de Antonio provocó las iras de Octavio, al separarse de su esposa para casarse con Cleopatra. La reacción del futuro Augusto será dirigirse a un enfrentamiento contra los enamorados más poderosos de Oriente. El encuentro tuvo lugar en Accio, saliendo Antonio derrotado. Octavio aisló a su enemigo en Egipto y se dirigió a Alejandría, donde la desesperación de Antonio motivó el lanzamiento de un infructuoso ataque. Enterado de la muerte de Cleopatra, se hizo matar.

[40] Lucio Cornelio Sila (138 a.C. - 78 a.C.). Era miembro de la pequeña aristocracia. Su juventud transcurrió de manera disoluta, sin prestar atención a las armas o las leyes. Fue mantenido por una prostituta griega hasta su nombramiento como cuestor en el ejército de Numidia que puso fin a la guerra de Yugurta. Sila fue el promotor de que Bocco entregara al rey numida a los romanos. Se interesó por la guerra y participó en las campañas de Mario contra los cimbrios y teutones, obteniendo importantes victorias. En el año 99 regresa a Roma para pasar una temporada de vida ociosa, conviviendo con prostitutas, gladiadores, poetas y actores. En 94 fue elegido edil y al año siguiente pretor, participando en la guerra contra Mitrídates. El botín conseguido fue inmenso tanto para él como para Roma. En el año 88 se presentó al consulado, obtenido al parecer gracias al apoyo conseguido por las mujeres tras su cuarto matrimonio con Cecilia Metela, emparentándose con una de las más importantes familias de Roma. Al intentar invalidar su nombramiento, Sila reunió al ejército y dirigió las tropas sobre Roma, obteniendo la victoria sobre el ejército reunido por Mario, quien huyó. Sila se hizo con el poder recibiendo el apoyo expreso del Senado. Después se hizo nombrar procónsul y partió con sus tropas para Oriente. En Roma estalló una guerra entre los aristócratas y los demócratas. La guerra social se convertía en guerra civil. Mario regresó de su exilio en África y reclutó un ejército de seis mil hombres que se dirigieron a Roma, donde consumaron una auténtica matanza. Las cabezas de los senadores fueron paseadas por la ciudad. Sila había sido depuesto y sus posesiones confiscadas. Mientras, Sila ponía sitio a Atenas que era tomada por sorpresa. La ciudad fue saqueada y el ejército se dirigió a luchar contra Mitrídates. Sila obtuvo la victoria en el momento que el enviado desde Roma para combatir con él, Valerio Flaco, se puso bajo sus órdenes. Tras ocupar Grecia regresó a Roma donde había estallado la lucha entre populares y aristócratas. Numerosos miembros de la aristocracia se unieron a Sila enfrentándose a los populares dirigidos por Mario el Joven. Sila obtuvo la victoria en la batalla de Puerta Colina, una de las más sangrientas de la historia de Roma. Corría el mes de enero del año 81 y Sila entró triunfalmente en Roma con las cabezas de sus más importantes enemigos. El terror se adueñó de nuevo de Roma, dirigido ahora por los aristócratas y encaminado a acabar con los populares. Sila era nombrado dictador, gobernando de manera autocrática durante dos años, concediendo derechos de ciudadanía a galos e hispanos y distribuyendo tierras entre los veteranos. El Senado vio como todos los privilegios anteriores a los Gracos le eran restituidos al tiempo que el ejército era licenciado. En el año 79 a.C. se retiró de la vida pública tras el matrimonio con la bella Valeria, joven de 25 años.

[41] Tiberio Claudio Nerón (Roma 42 a.C. - Miseno 37). Cuando Augusto falleció en el año 14 de nuestra era, el sucesor designado fue Tiberio, el hijo menor de Agripa y Livia. El nombramiento no fue fácil ya que Augusto nunca mostró hacia él especial atracción. En el año 11 a.C. le había obligado a divorciarse de Vipsania para casarse con Julia, la licenciosa hija de Augusto. Participó en las campañas de Germania, Dalmacia y Panonia, brillando como general por lo que fue nombrado tribuno en el año 6 a.C. La conducta escandalosa de su esposa y la descarada preferencia del emperador por sus nietos como herederos fueron los responsables de su traslado a Rodas, regresando a la capital imperial en el año 2 de nuestra era. Tras la muerte de Cayo César sólo quedaba Tiberio como sucesor, siendo adoptado por Augusto e investido con poderes proconsulares. Su gobierno está caracterizado por la contradicción, reflejo de su carácter. El Senado le otorgó las mismas prerrogativas que a su antecesor, asegurándose su fidelidad frente a la popularidad alcanzada por Germánico. Pronto se desencadenó una revuelta en Panonia y en el Rin debido al descontento de los soldados por el retraso en el cobro de sus pagas. La revuelta se sofocó haciendo concesiones a las tropas. La muerte de Germánico en Siria motivó que las acusaciones sobre un presunto envenenamiento se acercaran al emperador, produciéndose una fuerte convulsión en la familia imperial que se resolvió con el exilio de Agripina y la adopción de Calígula. Los complots que se producían de manera casi regular motivaron que Tiberio fortaleciera las bases militares del Imperio, estableciendo a los pretorianos en Roma. El jefe del pretorio, Sejano, se convertía en el personaje más importante tras el emperador y él recibió el gobierno cuando Tiberio se trasladó a Capri en el año 26, abandonando el poder para entregarse a los placeres. Cinco años después regresaba a la vida pública acabando con el gobierno del jefe del pretorio. Sejano fue condenado a muerte y ejecutado. Respecto a su política interna, podemos decir que el gobierno de Tiberio continuó la línea marcada por su antecesor, especialmente en los aspectos económicos y administrativos. Las provincias gozaron de buena salud pero paulatinamente se impuso un régimen de terror, en parte motivado por los complots que fueron surgiendo. Hacia el año 33 Tiberio regresó a su retiro de Capri, donde la leyenda negra se empezó a fraguar, mostrándonos a un Tiberio participando en todo tipo de perversiones sexuales, salpicadas de continuas crueldades.

[42] Lucio Quincio Cincinato (s. V a.J.C.) Cónsul romano. Nombrado cónsul en 460 a.J.C., dos años después se le designó dictador para que liberara al cónsul Minucio del bloqueo ecuo. Fue nombrado nuevamente cónsul en 439.

[43] Marco Antonio Basiano Antonino. Caracalla. (Lyón 186 - Carre 217).

En el año 196 Septimio Severo nombró César a su hijo Marco Antonio Basiano; dos años después era proclamado augusto al igual que su hermano Geta. Cuando Septimio falleció en Britania (211) en Roma quedaban dos emperadores enfrentados y apoyados por diferentes grupos de poder. Al año siguiente Basiano mataba a su hermano que fallecería entre los brazos de su madre, Julia Domna. Desde ese momento, Caracalla -que recibía ese nombre por su costumbre de vestir una túnica gálica de ese nombre- emprendió una campaña de venganza a los apoyos de su hermano que finalizó con un amplio número de muertos -se cifran en 20.000 los asesinados-, demostrando su cruel carácter. Las soldadas aumentaron para satisfacer al grupo que había favorecido su nombramiento lo que motivó una grave crisis financiera. Para recibir una inyección de dinero concedió la ciudadanía a cualquier habitante libre del Imperio (Constitutio antoniana del año 212). Su política exterior se basó en la consolidación fronteriza por lo que se realizaron dos campañas en el Danubio y se emprendió la guerra contra los partos. Debido al escaso éxito de estas operaciones, el prefecto pretoriano Macrino encabezó un complot que acabó con la vida de Caracalla en abril del año 217. Entre sus obras más destacadas encontramos la finalización de las termas que hoy llevan su nombre inauguradas en 212.

[44] Cayo Julio César. Calígula. (Anzio 12 - Roma 24-1-41).  A la muerte de Tiberio recayó la sucesión en Cayo Julio César Germánico, más conocido como Calígula. Su sobrenombre se debe al uso, desde pequeño, del calzado militar llamado caliga. Calígula era hijo de Germánico y Agripina la mayor. Tiberio le adoptó y le designó sucesor junto a su sobrino Tiberio Gemelo pero el Senado se decantó por Calígula con la esperanza de que la política de sometimiento de la clase senatorial llegaría a su fin. El gobierno de Calígula se inició, pues, lleno de buenos augurios, esperándose de él que acabara con el régimen tiránico de su antecesor. En un primer momento satisfizo a todos, respetando al pueblo y al Senado al tiempo que repartía fuertes sumas entre los pretorianos y organizaba espectáculos de circo. Pero pronto la situación cambió cuando ordenó matar a su primo Tiberio Gemelo y subir los impuestos ya que había dilapidado la fortuna de Tiberio. Los gastos crecieron desmesuradamente tanto por las campañas militares emprendidas (Germania y la Galia) como por los triunfos que se realizaban a continuación. El emperador empezaba a mostrar signos de cierto desequilibrio mental que le llevaron a exigir honores divinos y desear que su caballo favorito fuera nombrado senador. Quizá su mente no estuviera tan dislocada y todo fuera producto de la orientalización que se estaba produciendo en el Imperio y de la conversión del principado en monarquía. El régimen de terror impuesto por Calígula motivó la organización de un complot en el año 39. Los promotores fueron descubiertos y el emperador respondió acentuando la política de terror por lo que no pudo evitar la organización de un segundo complot a su regreso de la Galia, siendo asesinado por los pretorianos el 24 de enero del año 41.

[45] Publio Virgilio Marón (70 a.C. - 19 a.C.). A pesar de su origen campesino, Publio Virgilio se convertirá en el poeta más importante de la literatura romana. Vinculado al círculo de Mecenas, ensalzó las glorias de Augusto y se interesó por temáticas bucólicas, épicas y amorosas. Es el autor de obras tan importantes como La Eneida, Las Eglogas o Geórgicas.

[46] Décimo Junio Juvenal (Aquino 55 – 138). Figura entre los mejores poetas satíricos de la cultura romana. Constituye una de las mejores fuentes para el conocimiento de la vida cotidiana de su época. Estudió retórica en Roma y se dedicó, sin mucha fortuna, a la declamación.

Siguiendo a los grandes maestros - Horacio o Marcial- Juvenal realizó un amplio número de poemas de los que se conservan 16 Sátiras que formaban cinco libros. En ellas hace referencia al relajamiento de las costumbres, la hipocresía de la sociedad, las dificultades de los intelectuales para vivir, crítica la vida licenciosa de las mujeres, la educación, la prostitución, la crueldad o la caza de herencias.

[47]Tito Lucrecio Caro (96 a.C. - 55 a.C. Es uno de sus máximos representantes del epicureísmo. Es uno de sus más directos impulsores gracias a su poesía. Su vida está rodeada de tragedia al igual que su muerte ya que se suicidó bebiendo un elixir que había preparado su mujer. Sus obras están escritas en hexámetros, y entre ellas destaca De la naturaleza de las cosas.

[48] Este texto del juramento de Bolívar en compañía de Simón Rodríguez en el Monte Sacro de Roma, el 15 de agosto de 1805, fue publicado por el Colombiano doctor Manuel Uribe Ángel, en la obra: Homenaje de Colombia al Libertador/ [Manuel Ezequiel Corrales, editor oficial]. Ed. oficial. Bogotá, Imprenta de Medardo Rivas, 1884. 1 p. l., [v]-viii, 446, [1], cxxvi p. 33 cm., como palabras dichas a él  por Rodríguez, en Quito, en 1850. Forma parte de la última parte del artículo titulado El Libertador, su ayo y su capellán, p. 72-74. El escritor Fabio Lozano y Lozano lo incluyó en su obra El Maestro del Libertador, París. 1913. p. 66-70. Nosotros lo tomamos de las Obras Completas de Simón Rodríguez. Caracas: Reedición facsímil hecha bajo los auspicios  de la Presidencia de la República. Tomo II.  2001. p. 375-378.

[49] En: Obras completas de Simón Rodríguez. Tomo 1. p. 511.

[50] Escritos de Simón Rodríguez. Sociedad Bolivariana de Venezuela. t. 1. p. 199.

[51] C.F.: Griewank, Karl, 1900-1953.: Der neuzeitliche Revolutionsbegriff. Entstehung und Entwicklung. Aus d. Nachlass hrsg. von Ingeborg Horn-Staiger, mit einem Nachwort von Hermann Heimpel. [2., erw. Aufl.]. [Frankfurt a. M.] Europäische Verlagsanst [1969]. 267 p. 22 cm.

[52] C.F.: Starobinski, Jean.: 1789, les emblèmes de la raison / Jean Starobinski. [Nouvelle éd.]. París: Flammarion, 1979. 224 p.; 18 cm. Véase: p. 48.

[53] En: Lecuna, Vicente: Cartas del Libertador. Tomo III. p. 40.

[54] En: Lecuna, Vicente: Proclamas y Discursos del Libertador.  1811-1830. Compilación, estudio y notas de Vicente Lecuna. Caracas. 1983.  Doc. 29. p. 89.  Biblioteca de Temas y Autores Mirandinos. Los Teques. Nº 13.

[55] En: Lecuna, Vicente: Cartas del Libertador. Tomo I. p. 111.

[56] Ibíd.  tomo II. p. 144.

[57] Ibíd.  tomo IV. p. 97.

[58] Carta de Bolívar a Santander. Arequipa, 20 de mayo de 1825. Ibíd.  tomo IV. p. 337-338

[59] Ibíd.  Tomo V. p. 350.

[60] Ibíd.  Tomo VI. p. 47.

[61] Ibíd.  Tomo VI. p. 311.

[62] Publicada en la obra Memorias sobre la vida del Libertador escrito por Tomás Cipriano Mosquera. New York. 1853.

En: Lecuna, Vicente. Cartas del Libertador. Corregidas conformes a los originales. Mandadas publicar por el Gobierno de Venezuela presidido por el General Juan Vicente Gómez. Tomo IX. Julio de 1829 a diciembre de 1830. Caracas: Litografía y tipografía del Comercio. 1920. p. 33.





Hemerografía del Hermano Nectario María ( Selección)