“No
hay que comparecer en mi presencia
sí
no volvéis victoriosos”
Después de la actuación de los hermanos Mariano y Tomás Montilla
en la Conspiración de 1808, el primero
agravó su estado de salud -sufría de asma, llamada vulgarmente ahogo, dejándolo
expedito para cualquier ejercicio -su madre lo defiende y protege una vez más
al estar arrestado, y le escribe al señor Presidente, Gobernador y Capitán
General, Juan de Casas, para exponerle de la manera más enfática lo siguiente:
Doña Juana Antonia Padrón, viuda,
vecina de esta ciudad, con el respeto debido a Vuestra Señoría, me presento y
digo: que elevando para otra oportunidad el exponer y manifestar la inocencia y
la inculpabilidad de mis dos legítimos hijos D. Mariano y D. Tomás Montilla que
se hallan arrestados en el Cuartel Veterano con motivo de haber firmado una
representación dirigida al establecimiento de una Junta de Gobierno a semejanza
de las creadas en España, me insta, urge y precisa que Vuestra Señoría disponga
sin pérdida de instante, que sea trasladada a mi casa la persona de mi hijo,
Mariano bajo mi palabra de honor o con la guardia que Vuestra Señoría quiera a
mi costa.
Se
halla atacado del accidente habitual que padece que es una fatiga al pecho o
ahogo que lo pone en los últimos períodos de la vida y es indispensable atender
a su curación: ésta no puede verificarse
en el cuartel por falta de comodidad, y porque el temperamento de su situación
y el aire húmedo que allí se respira le es enteramente contrario.
Me
parece que no necesito hacer exageraciones ni protestas sobre el estado en que
se halla mi hijo lo que importa y precisa atender a su alivio. Vuestra Señoría
tiene hijos y esto me basta para afianzar mi solicitud.
Tampoco
me parece que hay inconveniente por parte del arresto pues este consiste en no
poder salir del cuartel; y así no hay motivo de temer de qué faltará a
guardarla en mi casa bajo su palabra de honor o con la custodia que se quiera.
Si
Vuestra Señoría quiere imponerse mejor del estado en que se halla puede mandarlo
a reconocer por el médico que dispongo, sólo si pido que sea inmediatamente y
sin pérdida de instante pues según se me avisa el Oficial de Guardia ha dado parte del estado fatal en
que se halla: en esta virtud.
Suplico
a Vuestra Señoría se sirva mandar que inmediatamente sea trasladada mi hijo D. Marino
Montilla a lo casa de mí habitación para curarlo en la cual guardará arresto bajo
su palabra de honor, o si es preciso que se destine la custodia que Vuestra
Señoría tenga a bien por ser así de justicia, que la pido en Caracas, a 27 da noviembre
de 1808.
Juana
Antonia Padrón”[1].
La carta tuvo el
resultado esperado y más abajo se expresa:
Caracas.
27 de noviembre de1808
Respecto al mérito que resulta de los
dos parte dados por la prevención de San Carlos que se agregarán a este expediente,
se permite a Don Marino Montilla salga a medicinarse a su casa, con
caución juratoria de guardar en ella, el
arresto en que se halla en el cuartel. Así lo proveyeron y rubricaron.
(Hay
tres rúbricas)
Ante
mí
José
María Moya
(Escribano
Real)”[2].
De esta manera, la súplica de una madre
ejemplar, salvó la vida de dos insignes y meritorios próceres de nuestra
emancipación.
[1] Véase: Caracas. Año de 1808. Expediente N° 14.
Contiene los recursos de Don Mariano Montilla. Entre ellos el de súplica que
Interpuso de la determinación definitiva dada sobre la principal de la Causa
sobre la Junta.
En: Conjuración de 1808 en Caracas para la formación de una Junta Suprema
Gubernativa (interrogatorio ordenado por el Regente visitador don Joaquín de
Mosquera y Figueroa).-Buenos Aires. Argentina: Imprenta López. Caracas:
(s.n. 1949). 266 p.; 24 X 17 cm. (Instituto Panamericano de Geografía e
Historia Comité de Orígenes de la Emancipación
Publicación; N°3)
El original se encuentra en el
Archivo Histórico Nacional de Madrid. Hay una copia en el Archivo de Academia
Nacional de la Historia.
[2] En: General de
División Marino Montilla. Homenaje en el Bicentenario de su nacimiento
1782-1982.- Caracas -Ediciones de la Presidencia de la República, 1982). 2 Vols. Véase: Tomo 1. p. 42- 43.
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